—Ese es el castigo que Sofía merece, para que se le quite lo tonta y aprenda que no puede hacer cualquier cosa sin medir las consecuencias.
—En cuanto a Jimena… no dije que la iba a encubrir.
Antes, Jimena era perfecta ante sus ojos, y él la amaba.
En los últimos años, se había dado cuenta de que Jimena no era tan perfecta como imaginaba. Sabía de su reacción y de las pequeñas maniobras que hizo a sus espaldas cuando él empezó a cortejar a Isabela y se casó con ella.
Pero como la había amado tantos años y tenían una amistad de toda la vida, su corazón siempre se inclinaba hacia ella antes de enamorarse de Isabela.
Sin importar lo que Jimena hiciera mal, él la perdonaba y la toleraba.
Pero eso no significaba que toleraría actos ilegales; él tenía límites.
Podía ignorar los celos y trucos de mujeres, pero si cruzaban la línea legal, debían aceptar el castigo de la ley.
—Mamá, confía en mí, puedo manejarlo. Vete a casa y, cuando Sofía regrese, disciplínala bien.
Elías le pidió a su madre que se fuera.
Valeria, molesta e impotente, finalmente optó por irse del hospital.
En cuanto su madre se fue, Elías le pidió a Ana que tramitara su alta. El médico dijo que el procedimiento se haría hasta el día siguiente y que debía pasar la noche en observación, pero Elías se negó e insistió en irse.
El trámite quedaría pendiente para la mañana siguiente.
—Elías, se llevaron a Jimena a la estación de policía y, para colmo, los reporteros la fotografiaron y ahora es tendencia en las noticias. Le pedí al departamento de relaciones públicas que bajara la tendencia, pero alguien está en mi contra y la vuelve a subir.
—Eso arruinará la reputación de Jimena. Mi suegro también ayudó a intentar borrarlo, pero sigue en las tendencias. ¿Quién apoya a Isabela? Seguro es obra de ella.
—Quiere destruir a Jimena. La odia y le tiene envidia porque tiene tu amor; esto es pura venganza.
—Elías, encárgate de bajar esa noticia, no puede seguir ahí. Aunque Jimena le haya pedido a tu hermana que hiciera eso, solo era una broma pesada. Isabela salió ilesa.
—Con una disculpa bastaba, ¿para qué llamar a la policía?
—Hace tiempo te dije que controlaras a Isabela, que no la dejaras andar de exhibicionista por ahí. ¿No se supone que las nueras de los Silva se quedan en casa cuidando al marido y los hijos? Tú puedes mantenerla, pero la dejaste salir a trabajar y ahora se ha vuelto muy atrevida.

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