—Si ella sigue incitando al odio en internet, el ciberacoso será peor. Mi vida, mi carrera e incluso mi familia saldrán lastimados. Podrían orillarnos al suicidio.
—Esa es exactamente su intención.
Elías abrió la boca para defender a Jimena, pero las palabras se le atoraron en la garganta y prefirió callar.
En el fondo, tampoco creía que lo de Jimena fuera solo una broma pesada.
Como decía su madre, Jimena quería destruir a Isabela, hacer que él dejara de quererla y asegurarse de que, tras el divorcio, jamás intentara reconquistarla.
Admitía que en el pasado la había consentido demasiado. Siempre le dio por su lado, acostumbrándola a ser la única y fomentando esa posesividad enfermiza.
Jimena no soportaba que él tratara bien a nadie más.
Y eso la llevaba a cometer locuras.
—Elías, no solo quiere hacerme daño a mí, también está arrastrando a tu hermana. Sofía es tu única hermana de sangre. Jimena no se ensució las manos con la droga, pero manipuló a Sofía para que lo hiciera.
»Si algo grave me hubiera pasado, ella habría empujado a tu hermana para que cargara con la culpa. Con lo ingenua que es Sofía, jamás podría contra ella y terminaría siendo el chivo expiatorio.
»Ni siquiera se ha casado contigo y ya está utilizando a tu familia. Aunque fuera tu esposa, no deberías encubrirla; deberías exigir justicia por tu hermana.
El rostro de Elías palideció ligeramente.
En el pasado, se habría puesto del lado de Jimena sin dudarlo.
Pero ahora, dudaba. Estaba en conflicto.
»Tú también tuviste ese sueño. Viste cómo me lastimó en esa otra vida, ¿o no lo sabes? Claro, no espero que te pongas de mi lado solo por una pesadilla.
»Solo espero que tu tolerancia y tus mimos hacia ella no se construyan sobre mi sufrimiento.
»Ya casi tenemos el acta de divorcio. Dejaré de ser tu esposa y, mientras no me busques, te juro que no te molestaré. Podemos hacer como que no existimos.
» Ya no seré el estorbo en su relación. Pueden seguir jugando a los novios de la infancia, a su eterno triángulo amoroso.
»Elías, deberías saber que si Jimena me ataca es por tu culpa. Ella te ama, sí, pero es ambiciosa. Y no se le puede culpar del todo, el corazón humano es codicioso. La culpa es tuya por no marcar distancia después de que ella eligió a Rodrigo.
»La seguiste consintiendo, dándole todo sin condiciones, y así alimentaste esa personalidad dominante y posesiva.

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