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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 643

Pero sentía un nudo en la garganta que le impedía hablar. Solo pudo ver, impotente, cómo ella entraba y cerraba la puerta de la casa.

Fue como si le cerrara la puerta de su corazón.

No hace mucho, él vivía ahí. Era el dueño de esa casa.

No hace mucho, era el hombre que ella más amaba, su esposo.

Ahora, ya no era nada de eso.

—Señor Silva, ¿por qué salió tan rápido? ¿No se quedó platicando un rato más con la señora? —preguntó Ana, la empleada doméstica, al verlo.

Elías murmuró: —Ana, tu señora ya no me quiere. Me corrió.

Ana guardó silencio un momento, suspiró y dijo: —Será mejor que se vaya a casa, señor.

Elías miró fijamente la casa donde había vivido varios años y, tras un largo rato, se dio la vuelta hacia su coche.

En el camino de regreso, no pronunció palabra.

El asunto de la droga terminó con Sofía y Jimena detenidas, multadas y obligadas a disculparse públicamente con Isabela.

No fue que Isabela no quisiera ir más lejos, sino que Jimena insistió en que ella solo había hecho un comentario y que Sofía era la autora intelectual; aunque ella compró la sustancia, fue por orden de Sofía.

Por su parte, Sofía sostuvo que solo quería que Isabela hiciera el ridículo, no lastimarla. Argumentó que, aunque puso la droga en el café, no afectó a ningún cliente inocente y que jamás tuvo intención de matar a nadie.

Como no hubo consecuencias graves y quien bebió el café fue Elías —quien decidió perdonar a su propia hermana—, el resultado final fue ese.

Elías, sabiendo que su decisión de perdonar a su hermana había decepcionado nuevamente a Isabela, no apareció frente a ella en varios días.

Pero cuando se enteró de que Álvaro se encontraba con Isabela casi a diario, no pudo quedarse quieto. Ese lunes, al inicio de la semana, se plantó frente a la villa desde temprano.

En una mano sostenía un enorme ramo de rosas y varias cajas de cosméticos de marca; en la otra, una lonchera térmica con un desayuno que le pidió a Ana preparar especialmente para Isabela.

Los últimos días, Álvaro había estado esperando a Isabela en el cruce de la calle para "toparse" con ella y casualmente irse juntos. A menudo, conducía unos minutos y luego fingía que su auto se averiaba.

Llamaba a su chofer para que se llevara el auto al taller y él, con todo el descaro del mundo, se subía al coche de Isabela para que ella lo llevara a Grupo Morales.

Sus intenciones eran más que obvias, pero Isabela, siendo tan inocente, no le daba mucha importancia.

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