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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 707

Cuando Elías Silva se casó con Isabela, no la amaba de verdad y nunca pensó en su bienestar.

Adrián, en cambio, era sincero con Mónica. Al preparar el camino hacia el futuro, tomaba en cuenta cada detalle por el bien de ella.

Mónica no dijo nada más.

Con saber sus intenciones era suficiente.

Se dio la vuelta, caminó hacia el sofá y se sentó.

Un momento después, Adrián salió con un plato de fruta picada y lo puso frente a ella.

—Come un poco de postre.

—Ya estoy llenísima. Tu comida es cada vez más rica, comí demasiado. De verdad, ya no me cabe la fruta.

Al ver que realmente no quería más, Adrián llevó el plato de regreso a la cocina.

Pronto, salió con un recipiente con tapa lleno de fruta y lo metió en una bolsa. Lo puso frente a Mónica y dijo: —Entonces llévatelo a la cafetería. Cuando te canses de escribir, puedes picar algo.

—En mi tienda no falta comida ahora mismo.

Sin embargo, Mónica tomó la bolsa.

Este hombre era verdaderamente detallista y considerado.

Media hora después, bajaron juntos.

Mónica aún no podía conducir, así que Adrián la llevó en su coche de regreso al local.

—En la noche, cuando termine mis pendientes, vengo a dejarte a casa.

Mónica respondió: —En la noche ya podré usar la moto sin problemas, me regresaré yo misma. Tú tienes compromisos, no te molestes. Si necesitas que yo pase a recogerte, puedes llamarme.

Él siempre la cuidaba y consentía; ya era hora de que ella le correspondiera.

Adrián sonrió. —Aquel día que bebí en la reunión de negocios te llamé y fuiste por mí.

—Sí.

—Mañana por la noche tengo que asistir a un banquete. ¿Podrías acompañarme?

Adrián preguntó con cautela.

Sentía que Mónica se estaba ablandando; parecía que estaba dispuesta a darle una oportunidad.

Llevaba medio año cortejándola y por fin veía un rayo de esperanza. ¿Cómo no iba a estar feliz Adrián?

Al entrar a la tienda, lo primero que hizo Mónica fue pedirse un café.

Todavía le dolía la cabeza.

Si no tomaba un café para despabilarse, no podría escribir el capítulo de hoy.

Ay, solo cuando una se siente mal o tiene asuntos que resolver se da cuenta de la importancia de tener material de reserva.

El problema era que le costaba mucho tener reservas. Si juntaba uno o dos días de material, se los gastaba; si no se los gastaba, no le daban ganas de prender la computadora.

Estaba acostumbrada a escribir a las prisas justo cuando tenía que publicar.

Como decía Isabela, ella era escritora de tiempo completo; su único trabajo era escribir y escribir. Si se pusiera las pilas, ¿cómo no iba a tener material de sobra?

Era puro ataque de procrastinación.

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