Tampoco tenía prisa por que Nuria tomara las riendas; después de todo, acababa de entrar a la familia y no tenía autoridad ni conocimiento. Así que aprovechó la salida que le ofreció su nuera.
—Si crees que administrar la casa no afecta tu proceso para embarazarte, entonces síguelo haciendo tú. Nuria acaba de llegar, es cierto que aún no sabe mucho.
Nuria sonrió:
—Es verdad, no sé nada, mejor que lo lleve Jimena. Yo encantada de estar tranquila. Lorenzo, así podré acompañarte a todos tus eventos y encargarme de tus comidas.
—Te voy a cuidar de maravilla, cumpliré con mi deber de esposa.
«Le haré comida deliciosa todos los días hasta que se le suba el colesterol, la presión y el azúcar», pensó.
Lorenzo la miró con ojos risueños.
Rodrigo no pudo soportarlo más y dijo con cara de palo:
—Papá, me voy a trabajar.
—Está bien, ve. Regresa a cenar, comeremos todos en familia. Iván aún no conoce a su cuñada.
—Jimena, prepara una habitación para Iván. Que tenga buena iluminación; todavía está estudiando y si la luz es mala, le afectará la vista.
ordenó Lorenzo.
Jimena tuvo que tragarse el coraje y asentir.
Acompañó a Rodrigo afuera.
Al salir de la casa principal y llegar al estacionamiento al aire libre, ya estaban a una distancia segura donde nadie podía oírlos.
Rodrigo le dio un puñetazo al coche.
Jimena lo detuvo de inmediato:
—Es tu coche, ¿para qué lo golpeas? Desquitarte con el carro no sirve de nada. No puedes hacerle nada a tu papá.
—¿Y Olivia Valdez? ¿Todavía no ha servido de nada? No la trajimos para que viniera a pasear —se quejó Jimena en voz baja.
Rodrigo la miró.
¿Olivia no quería ser su mujer?
Podía engañarla. Si Olivia le ayudaba a asegurar la herencia y a sacar a Nuria y a Iván de la familia Méndez —y de paso arruinar a Iván—, le prometería que la metería a la familia Méndez.
Claro, todo sería mentira.
Olivia envidiaba a su prima por haber cazado a un millonario y disfrutar de lujos infinitos; ella también quería trepar socialmente.
Además, estaba deslumbrada por lo guapo que era Rodrigo. Si él le hablaba bonito, era muy probable que aceptara ayudarlo a perjudicar a su propia prima y sobrino.
—Ya no te enojes. Ella ya entró a la casa, es un hecho, hay que afrontarlo. Ve a la empresa y empieza a tomar el control poco a poco, lo ideal sería conseguir las acciones.
—Esa tal Valdez tiene mucha ambición, quiere la fortuna de los Méndez. Tu papá ahora se inclina hacia ella; con unos cuantos mimos y hablándole al oído, capaz le reparte acciones del Grupo Méndez a ella y a su hijo. ¿Y tú qué?
—Tú eres el primogénito, el hijo de la primera esposa. Todo lo de los Méndez debería ser tuyo. ¿Por qué ese bastardo tendría que llevarse una parte?
—Si hubiéramos sabido que esto pasaría, habríamos tratado mejor a la mamá de Isabela para que ella peleara contra Nuria. Así la Valdez no habría entrado tan rápido.
Jimena se arrepintió un poco.

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