—Tiene que haber boda, definitivamente. Quiero usar vestido de novia, es una vez en la vida. No puedes negarme eso; tus dos esposas anteriores tuvieron boda, ahora que me toca a mí, ¿por qué no?
—Si no hacemos boda, ¿cómo quedamos Iván y yo? Sería como si no fuera oficial.
Lorenzo dijo con duda:
—Me preocupa que a Rodrigo no le guste.
—Ya no le gusta de todos modos, ¿por qué te preocupa tanto? Tú eres el padre, ¿le tienes miedo a tu hijo? Antes solo lo tenías a él y lo consentías, pero ahora tienes más hijos.
—Tenemos a Iván, así que no te preocupes por quién te cuidará de viejo. ¿A qué le tienes miedo?
—No es por meter cizaña entre padre e hijo, pero ese hijo tuyo... no es ningún angelito. Y tu nuera, que parece muy suavecita, es la más venenosa.
—Seguro nos odian ahora mismo. Capaz están planeando cómo destruir nuestra relación o cómo deshacerse de ti.
Lorenzo se puso serio.
—Soy su padre, nunca lo he tratado mal. ¿Se atrevería a hacerme algo?
—Quién sabe. Yo siento que ese par tiene malas intenciones y no nos dejarán vivir en paz. Si no me crees, ya verás.
—En la empresa, ten cuidado con lo que bebes. No le pidas a tu hijo que te prepare el café o el té; me da miedo que le ponga algo a tu taza y te envenene.
—El café y el té son amargos, pueden disimular el sabor del veneno.
Lorenzo puso cara de pocos amigos y exclamó:
—¡Nuria, ya estás delirando! Rodrigo jamás me haría algo así, somos sangre de la misma sangre.
Aunque él hubiera sido infiel y tuviera un hijo ilegítimo, su amor por su primogénito nunca había disminuido.
Su hijo mayor podía ser un poco malo, pero no al grado de envenenar a su propio padre.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda