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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 755

Aunque la señora Jimena muriera, Elías la recordaría toda la vida.

—¡Isabela es mi esposa!

Elías le gritó a la secretaria.

Pero la chica no se amedrentó.

En la oficina, nadie le tenía miedo al señor Silva.

Afuera, todo el mundo quería quedar bien con él, pero allí dentro era un tipo cualquiera.

Si la señorita Romero no le hacía caso, él no se atrevía a decir ni pío, solo ponía cara de perro regañado.

—Señor Silva, usted y la señorita Romero se divorciaron, ¿ya se le olvidó?

—Al estar divorciados, ella es su exesposa, no su mujer. Debería cuidar cómo la llama. La señorita Romero es joven y algún día se volverá a casar.

—¡Que se atreva a casarse con otro y va a ver!

La secretaria replicó:

—¿Se atrevería usted a hacerle algo a la señorita Romero? Incluso si no se casa, no va a volver con usted. Señor Silva, yo no vi cómo la trató, pero he escuchado historias.

—Primero la utilizó, se casó con ella con mentiras y luego la lastimó una y otra vez por culpa de la señora Jimena. Una vez hasta la corrió de la casa porque ella no quiso disculparse con esa mujer.

—¿Alguna vez pensó en el dolor que sintió al ser echada de su propia casa por su esposo, todo por defender a otra?

—Señor Silva, el amor no se muere de un día para otro. Fue su indiferencia constante y sus desprecios los que congelaron el corazón de la señorita Romero.

—Ya que están divorciados, terminen en paz. Usted por su lado y ella por el suyo, sin estorbarse. Si usted está bien y ella está bien, todos estamos tranquilos.

Así no tendría que lidiar con él todos los días.

Ser secretaria también tenía sus retos.

—Señor Silva, por favor, retírese.

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