—Mi prima siempre le gana los clientes a Arturo, y él hace unos corajes que ni te imaginas, da de brincos de la rabia. A veces Arturo también se le adelanta y le quita negocios que mi prima llevaba tiempo negociando; eso hace que ella quiera matarlo.
—Ninguno de los dos pone buena cara cuando se ven. ¿Viste cómo mi prima ni siquiera lo saludó bien hace un rato? Y Arturo, cuando la ve, tampoco es nada amable al hablar.
Mónica aseguró:
—Mi intuición me dice que a Arturo le gusta tu prima. Pueden ser enemigos mortales, pero del odio al amor hay un solo paso. Se conocen bien, y quien quita y hasta se admiren mutuamente.
—No, en todo caso es Arturo quien admira a mi prima primero. Ella, por su parte, no creo que tenga esas intenciones con él.
Adrián buscó a Arturo entre la multitud. Arturo estaba platicando con una empresaria, y probablemente al sentir la mirada de Adrián, volteó hacia él.
Luego alzó su copa hacia Adrián, invitándolo a brindar.
Adrián también levantó la suya y la agitó ligeramente, respondiendo al brindis a distancia de Arturo.
Después volvió a buscar a su prima entre la gente.
Irene también estaba rodeada por un grupo de directoras y señoras que querían colaborar con el Grupo Delgado, pero ella estaba sentada en un rincón. La gente le hablaba, pero ella apenas reaccionaba.
Adrián sabía que a su prima no le gustaba asistir a banquetes; si no fuera porque algún gran empresario con el que tienen tratos organizaba la cena, ella no vendría.
Por lo general, solo venía a dejarse ver y se iba; no se quedaba más de media hora.
Esta noche se quedaría un poco más solo porque Adrián había traído a Mónica.

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