Valentina dijo con amargura:
—Álvaro, de verdad que proteges mucho a la señorita Romero. Ella sí que tiene talento; acaba de divorciarse y ya te tiene comiendo de su mano.
—Señorita Romero, entre mujeres, enséñeme su secreto, ¿sí? Dígame cómo conquistar al hombre que me gusta. Usted es tan hábil que logra que Elías no pueda olvidarla y le ruegue volver incluso después del divorcio.
—Y encima haces que Elías y Álvaro se agarren y se vuelvan rivales. Ese “colmillito” para traer a los hombres como quieres… yo también quiero aprenderlo.
Isabela sostuvo la mirada envidiosa de Valentina con frialdad y respondió:
—Señorita Valentina, por favor tenga más respeto al hablar. Me acerqué a Álvaro después de divorciarme de Elías. Si Álvaro gusta de mí, es su libertad.
—¿Quién me manda ser joven, guapa, con dinero y carrera? Que Álvaro se fije en mí solo demuestra que tiene buen gusto.
—A usted le gusta Álvaro, ¿verdad? Si él no le corresponde, debería buscar la razón en usted misma. ¿Por qué prefiere a una mujer divorciada como yo antes que a usted?
—No se dedique a cuestionar a los demás ni a echarle la culpa al de enfrente; el problema es suyo.
—En cuanto a que Elías quiera volver conmigo, eso le incumbe menos a usted. ¿O es que acaso la señorita Valentina quiere a Álvaro y también a Elías? ¿No soporta ver que ambos me traten bien?
—Pues va a tener que aguantarse. ¿Qué tiene de malo que me traten bien? ¡Yo siento que merezco que me traten bien y que me amen!
Valentina se quedó muda ante la respuesta de Isabela. Pasó un buen rato antes de que pudiera soltar una frase:
—¡Isabela, eres una descarada! ¡Qué sinvergüenza!
Era demasiado cínica.
Hablaba como si fuera la gran cosa, como si todos los hombres la amaran. ¿Qué mérito tenía Isabela? Si tenía dinero, era porque Elías se lo había dado.
Sí, Isabela era muy hermosa. En cuanto a belleza física, pocas herederas de la alta sociedad de Nuevo Horizonte podían compararse con ella.
¡Valentina estaba que explotaba de coraje y celos!
Quería pelear con Isabela y hacerla enojar, pero la que terminó medio muerta de rabia fue ella.
Álvaro defendió a Isabela en su cara con palabras tan románticas que ella terminó siendo la espectadora incómoda de su amor.
—Isabela, ya todos están bailando. Vamos adentro, concédeme este baile.
Álvaro tomó a Isabela de la mano y se alejó, dejando a Valentina plantada.
Al ver a Elías parado en la entrada del hotel, Álvaro le hizo un gesto con la cabeza, sin decir palabra.
Elías sintió el impulso de apartar la mano de Álvaro de la de Isabela, pero sabía que ahora no tenía ningún derecho a impedir que ella estuviera con quien quisiera.

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