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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 794

—Señora Jimena.

Alguien le bloqueó el paso.

Era uno de los guardaespaldas de Ulises.

Ella miró al hombre, tensó el rostro y un destello de pánico cruzó por sus ojos, aunque se obligó a mantener la calma.

—¿Qué pasa?

—Señora, nuestro Jefe la invita a pasar un momento. Quiere platicar con usted.

El guardaespaldas hablaba con cortesía, pero su mirada era gélida, dejando claro que no aceptaría un no por respuesta.

Jimena forzó una sonrisa débil.

—Señor, no conozco a su jefe, no tenemos nada de qué hablar.

El guardaespaldas respondió con voz grave y fría:

—Cuando vaya, lo conocerá. La paciencia de nuestro Jefe es limitada. Será mejor que no lo haga esperar, señora, de lo contrario no podemos garantizar lo que el Jefe sea capaz de hacer.

El rostro de Jimena se oscureció. Quiso rechazarlo con firmeza, pero al final bajó la cabeza.

—¿Dónde está?

El guardaespaldas hizo un gesto invitándola a seguirlo.

Jimena, sin más remedio, caminó tras él.

Salieron del salón de banquetes y llegaron a los elevadores.

Jimena se detuvo y preguntó a la defensiva:

—¿A dónde me llevas?

—El Jefe la espera en el último piso.

»El Jefe dice que hablar aquí podría llamar la atención. Por el bien de su reputación, señora, no tuvo más opción que invitarla a subir. Pierda cuidado, nadie la verá entrar al elevador.

El hombre presionó el botón y la invitó a pasar.

Jimena detestaba el olor a cigarro, pero no se atrevió a pedirle que lo apagara.

Este hombre no era como Rodrigo o Elías, quienes la consentían. Ellos sabían que no le gustaba el humo y por lo general no fumaban, y si lo hacían, masticaban chicle después para quitarse el olor.

—Llegaste.

Ulises levantó la vista hacia Jimena. Señaló un sobre en la mesa y le dijo:

—Esto es para ti. Llévatelo y míralo.

»Pensaba dártelo en el salón, pero había mucha gente y tu marido estaba presente. Imaginé que no querrías que él viera estas cosas, así que, por darte un poco de dignidad, te cité aquí arriba para entregártelo.

Jimena palideció y tartamudeó:

—¿Qué... qué es eso?

Ulises respondió con indiferencia:

—Agárralo y míralo, así sabrás.

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