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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 89

—Isa, Isa, ¿por qué colgaste?

Jimena gritó su nombre varias veces, pero no pudo evitar que Isabela terminara la llamada.

Al escuchar las palabras de Jimena, el rostro de Elías se ensombreció.

¿Isabela le había colgado a Jimena?

Esa mocosa se estaba volviendo muy insolente. Llevaba apenas unos días como señora Silva y ya se atrevía a faltarle el respeto a Jimena.

Elías decidió que tenía que darle una lección a Isabela, para que aprendiera que si se atrevía a ser irrespetuosa con Jimena, no debía extrañarse de que él fuera despiadado con ella.

—Elías, Isa está en la playa. Dice que te tomes tú solo la medicina, que no va a regresar a cuidarte porque teme que vuelvan a discutir.

Jimena lo dijo con un tono de impotencia.

—No le hagas caso. Si quiere volver, que vuelva; si no, que no lo haga. Tampoco es que me muera por sus cuidados.

Elías habló con frialdad y luego ordenó al mayordomo:

—Mayordomo, sube a la habitación de huéspedes, empaca las cosas de Isabela y déjalas en la entrada de la casa. Cuando regrese, no la dejes entrar. Dile que, como no quería volver, entonces que no vuelva. Que se vaya a donde le dé la gana.

El mayordomo no supo qué responder.

Rodrigo frunció el ceño, pero no dijo nada en defensa de su hermanastra.

Jimena sintió una alegría secreta, pero por fuera fingió aconsejarlo:

—Elías, mira cómo te pones. Con razón Isa no quiere volver. ¿Por qué discutieron para que ambos estén tan enojados?

—Jimena, no te metas en esto. Tengo que darle una lección, si no, se le va a subir a las barbas. ¡Que no se le olvide quién le dio el título de señora Silva!

Si no fuera por Jimena, ¿por qué se habría casado con ella?

Isabela se había convertido en su señora, la señora Silva, todo gracias a Jimena. En lugar de estar agradecida, le hacía mala cara.

Elías insistió en darle una lección a Isabela.

—Elías, hacer esto solo empeorará las cosas. Isa también está enojada. Déjala que se calme un poco afuera. Cuando se le pase, volverá a cuidarte.

»Te ama tanto, te ve como su todo. Antes, si estornudabas, se ponía nerviosísima.

»Es imposible que no le importes, que no se preocupe por ti.

Jimena secundó:

—Sí, Elías, no hagas esto. Solo lograrás que Isa se enoje más.

»Son un matrimonio, las peleas se arreglan en la intimidad, no hay rencores que duren para siempre. No hay necesidad de llegar a estos extremos.

»Además, Rodrigo y yo somos, después de todo, su familia. Si sacas sus cosas delante de nosotros, nos estás dejando en ridículo, le estás faltando el respeto a la familia Méndez.

—Esto no tiene nada que ver con ustedes —dijo Elías con voz grave—. Si no le doy una lección, usará el irse de casa para amenazarme cada vez que se enoje, y no tengo tiempo para sus berrinches.

Isabela solo quería un momento de calma, pero Elías exageraba cada vez más, llegando incluso a acusarla de querer fugarse de casa.

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