—Papá, hermano.
Jimena los llamó y señaló la oficina de Rodrigo:
—Rodrigo está ahí dentro y no sé qué pasa. La puerta está cerrada con seguro desde hace casi una hora. Ya casi es hora de la salida y no abre. Me preocupa que le haya dado un infarto o algo así y se haya desmayado. Yo sola no puedo tirar la puerta y no sabía qué hacer, por eso les llamé.
El señor Castillo y su hijo no lo pensaron dos veces. Creyeron que Rodrigo realmente estaba en peligro, así que corrieron a patear la puerta.
Dentro, Rodrigo y la secretaria estaban en pleno acto en la sala de descanso.
Olivia había estado acosando mucho a Rodrigo últimamente, yendo a la empresa a diario para llevarle cosas. La secretaria, efectivamente, estaba celosa.
En cuanto Olivia se fue, la secretaria entró a la oficina.
Ella, que antes se hacía la difícil, dejó de resistirse y ambos cruzaron la última línea en la sala de descanso.
Rodrigo, insaciable, pensó que aún faltaba para la hora de salida y quiso repetir. Estaban en lo mejor cuando se escucharon los violentos golpes en la puerta.
El que hace cosas malas siempre vive con miedo.
Los dos se asustaron y terminaron de cualquier manera.
Rodrigo se vistió a toda velocidad y apresuró a la secretaria para que hiciera lo mismo.
Cuando ella estuvo lista, ambos trataron de recomponerse antes de salir de la sala de descanso. Rodrigo se sentó tras su escritorio y le ordenó a la secretaria que abriera.
La secretaria fue a abrir. Apenas giró el seguro, recibió dos patadas brutales. La fuerza fue tal que no pudo resistirlo; retrocedió varios pasos y cayó sentada de golpe en el suelo.
Le habían dado en el vientre. Al caer, se abrazó el estómago con ambas manos, con una expresión de dolor insoportable.
Los Castillo estaban pateando con fuerza y no esperaban que la puerta se abriera de repente, así que no pudieron detener el impulso y golpearon a la mujer que estaba del otro lado.
Al escuchar el gemido de dolor de la secretaria, padre e hijo se quedaron atónitos un instante. Enseguida entraron a la oficina y vieron a Rodrigo sentado en su escritorio, sano y salvo, sin ningún signo de haberse desmayado.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda