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Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 102

••Narra Erika••

―¡Erika, despierta! ―gritó Derek. Era su voz―. ¡Auxilio!

Abrí los ojos con prisa al escuchar los gritos desesperados de Derek, estaba pidiendo ayuda.

Me levanté de la cama como un relámpago, sintiendo un ambiente cargado a mi alrededor, como si fuera artificial pero tan real.

―¡Erika! ―Los gritos continuaban.

Jamás había escuchado d Derek gritar de esa forma. No eran a sus gritos de ira a los que estaba acostumbrada. Eran de miedo puro y crudo.

La voz se escuchaba que venía de su Vestier.

―¡Derek! ―Corrí a por él, entrando de golpe a la habitación.

Un líquido caliente mojó mis pies descalzos y terminé resbalando sin poder agarrarme de nada. Terminé en el piso, con el líquido escurridizo bañando mis, piernas, mis brazos y parte del camisón.

Moví las manos en el charco, que había comenzando a tornarse rojo. El olor a hierro invadió mis cosas nasales.

Era sangre.

Las palabras murieron en mi garganta, no pude decir nada, como si un ladrón me hubiera robado la voz. Traté de levantarme y terminaba cayendo nuevamente, encharcado más mi cuerpo. Era una sensación desagradable, asquerosa, que penetraba mi piel.

―Erika ―Mi nombre fue mencionado como un cántico, uno oscuro y siniestro―. Erika… Erika…

Ya no era la voz de Derek, era la del peor hombre que pude conocer en mi vida; el señor Martín.

Miré a mi alrededor, en el techo. La voz se veía que venía de arriba, de la nada. Pero todo estaba en su lugar, era el mismo Vestier elegante, con el único error de la sangre.

Me arrastré, escapando del charco, hasta que pude salir de el. Observé el camino rojizo, siguiendo con los ojos el recorrido, hasta encontrarme con un cuerpo tirado en el piso, con una herida de bala en la cabeza.

El estómago se me revolvió, sentí que el corazón se me iba a salir del pecho, que iba a estallar en cualquier momento.

―¡No! ¡No! ―grité, pero no podía escuchar mi propia voz.

No pude evitar llorar, porque estaba bien. Fue solo una pesadilla.

Derek no estaba muerte, el señor Martín no lo había matado. Él estaba bien.

―Pensé que estabas muerto ―hablé en voz baja, contándome un montón decir aquellas palabras.

Por más que supiera que era un sueño, mi cuerpo no dejaba de temblar y las imágenes no abandonaban mi cabeza.

Tenía la esperanza que fuera una de esas pesadillas que se olvidan al final del día por más que uno lucha por recordar, pero sabía que yo no poseía esa suerte.

―Tuviste una pesadilla. Todo está bien, tú estás bien ―Me estrechó con fuerza contra su cuerpo.

Deseaba que fuera verdad, rogaba por ello, pero sabía que no era así.

―No, Derek. Nada está bien.

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