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Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 103

Un día.

Pasó un simple día y yo sentí que fue una eternidad.

Nos encontrábamos cenando, llenando el silencio con los sonidos de los cubiertos.

No me atreví a contarle mi pesadilla. No tenía que preocuparlo demás por temas que no se pueden solucionar. Desde que asumió su papel como mi esposo, le he traído más problemas que beneficios. Su vida antes de atarla a la mía, se había basado en desflorar herederas y amasar fortunas. Y gracias a mí, nuestro entorno se había convertido en caos, matones, visitas recurrentes al hospital, peleas y problemas.

Tuve que aceptar que me pusiera dos guardaespaldas cuando tenga que salir de la mansión. Aunque me dejó claro que preferiría que no lo hiciera. Pero mi reposo vence mañana, tengo que volver a la oficina.

―No te tienes que preocupar por ese hombre, ya no puede lastimarte ―declaró Derek, respondiendo la pregunta que no me atrevía a hacer.

Sabía que Derek tenía a Divarios en alguna parte, pero no estaba al tanto de donde ni qué le estaría haciendo.

―¿Lo mataste?

Esperaba que no, no porque me doliera su muerte ni por hacerme la bondadosa. Simplemente, no quería añadirle esa carga a los hombros, que traspasará un límite que podría romperlo y terminar arrepentido por hacer eso solo para defenderme.

―No, pero tampoco podrá volver a molestarte, eso te lo aseguro ―Trozó su carne con calma, manteniendo un gesto gélido.

―¿Lo tienes secuestrado?

Levantó la vista del plato, enfrentando mi mirada.

―No, ya no. Lo dejé ir, pero créeme cuando te digo que no podrá ponerte un dedo encima.

Estaba libre, andando por la calle, pero ¿de verdad no me lastimaría?

Negué con la cabeza, esperando despejar las dudas.

«Si Derek decía que no, tenía que creerle. Nunca dejaría ir fácilmente a alguien que me lastimó».

Volvimos a caer en el incómodo silencio y tuve la necesidad de romperlo.

―Yo, no iré a trabajar por un tiempo como me dijiste. Creo que es lo mejor ―dije por fin, liberando una gran bocanada de aire―. Pero repito, es solo por un tiempo. Me gusta mi trabajo.

Amaba mi nuevo trabajo y mi entorno laboral. Apenas llevaba poco tiempo, pero ese corro periodo compensó los horribles tratos del anterior trabajo. Fue un giro de ciento ochenta grados.

Pero tenía que pensar en mi seguridad y en no causarle más problemas a Derek.

Respiró, aliviado. Sus hombros se relajaron.

Al parecer, la tensión que había en la mesa era la anticipación a una discusión que veía por mi parte si me negaba a cumplir su demanda de quedarme en casa.

―Pero tengo una condición… ―dije con la voz temblorosa, porque no estaba acostumbrada a pedirle a Derek que gastara dinero en mí. Pero necesitaba fortalecerme, evitar ser un lastre―. Quiero aprender defensa personal.

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