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Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 104

Estaba lista para dormir, con mi pijama puesta y el malestar en el brazo. Pero Derek no parecía querer lo mismo. Estaba en el sillón de la habitación, con la laptop en las piernas.

Me arrope y me quedé mirándolo mientras trabajaba. Jamás me había sentido tan nerviosa por dormir, demasiado inquieta para mi gusto. Pero es que, las imágenes de mi pesadilla anterior no dejaban de atormentarme cada vez que cerraba los ojos.

No quería dormir y volver a ver a Derek muerto, asesinado en manos del señor Martín.

―¿No tienes sueño? ―preguntó con su mirada fija en la pantalla.

Me removí en la cama, incomoda.

No sabía cómo acercarme a él. Jamás tuve novio y rechazaba fácilmente a los interesados de serlo.

―Te iba a preguntar lo mismo.

No sabía cómo ser melosa y no estaba acostumbrada a pedir cosas o a recibirlas.

―Estaba terminando de revisar unos informes de mis jefes de equipo ―Se tronó el cuello y volvió a fijar su vista en la pantalla.

Jugué con las sábanas, moviendo mis dedos.

―¿No te aburres?

―Al contrario, es muy divertido ―Una ligera sonrisa perversa adornó sus labios―. Les dije que la persona que hiciera el informe más ineficiente sería despedido.

¿Por qué no me sorprende viniendo de él? Tiene una manía con torturar a los líderes representativos de cada sector. Me dan ganas de quedarme con mi humilde sueldo de obrero que las sumas millonarias que ganaban esas personas que vivían bajo constante estrés por ese tirano.

Inconscientemente, llevé mi mano a mi cabello, masajeando el área donde antes se me caía el pelo y ahora estaba volviendo a crecer.

―¿Por qué disfrutas tanto de torturar a tus empleados? ¿Hay alguna razón?

Asintió con la cabeza, viéndome con sus intensos ojos grises.

―¿Quieres dormir conmigo? ―dije en voz baja, apartando parte de la sábana, invitándolo a unirse. No dijo nada, se limitó a verme―. No quiero dormir sola.

Lentamente, se levantó del sillón y se metió en la cama. Me acerqué a él, hasta que mis pechos descansaron sobre su diafragma y mi cabeza en el hueco de su hombro. Él pasó su brazo por mi espalda. Inspiré con fuerza, notando el olor masculino que lo rodeaba. Derek usaba perfumes diferentes todos los días, pero en definitiva, este era mi favorito.

―¿Es nuevo este perfume? No recuerdo haberlo sentido antes ―Mi nariz buscó su cuello, donde el olor era más fuerte y embriagador.

―Sí, lo compré hace poco ―Podía sentir sus palabras retumbar en su pecho―. ¿No te gusta?

―Al contrario, me encanta ―Inhalé con fuerza, pasando la palma de mi lado desde su abdomen hasta su clavícula―. Es el mejor olor de esta vida.

Fui consciente del corazón de Derek, que comenzó a bombear con más fuerza. El agarre en mi cintura se fortaleció. Y aún así, lo único que dijo fue:

―Ya veo.

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