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Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 105

Esperaba no haber despertado a Derek, ya que tuve dos pesadillas anoche. Pero no pareció ser el caso, ya que se encontraba plácidamente dormido a mi lado. En la ventana se dibujaba la luz del sol, pero no estaba tan caliente, lo que significaba que aún era temprano.

Al bajarme de la cama, sentí una leve punzada en el brazo que me agarró desprevenida. Me tragué el quejido y no tuve más remedio que continuar adelante. No importaba la cantidad de infusiones que tomaba, la molestia no se iba. Y a este paso, siendo que es algo que me acompañará de por vida.

Según la doctora, ya mi mano está sana y puedo usarla libremente para alzar, golpear o mover lo que sea, pero cada vez que hacía una de esas cosas, el cosquilleo y la sensación de cientos de agujas pinchando mi hueso se instalaba durante horas.

Me di un baño de agua fría y me vestí. Al volver a la habitación Derek no estaba. Escuché la ducha de su área personal y sumé dos más dos.

Lo esperé para bajar a desayunar juntos.

…..

Una vez en la mesa, en medio del delicioso desayuno, dejó unos currículum femeninos en la mesa.

―Escoge a la instructora que más te guste. Están disponibles para enseñarte a partir de hoy si así lo quieres ―Se metió un pedazo de melón a la boca.

Dejé mi comida al lado y hojee la información personal de las personas. Todas eran mujeres jóvenes, como de mi edad, con fotos muy bellas y ellas también parecían muy agradables a la vista.

Fruncí el ceño.

No había ningún hombre o adulto mayor. Y enseguida supe que no quería a ninguna de ellas. ¿Por qué Derek sólo escogió jovencitas bellas? Andarían por el lugar con sus pantalones elásticos que marcaban todo y él por ahí, viendo lo que no se le perdió.

Desde hace unos días no tenemos sexo por toda la situaciones que hemos estado viviendo y él es un hombre muy lujurioso que se ha visto obligado a reprimirse por los momentos turbulentos que estamos pasando.

Suena tan irracional en mi cabeza, pero no puedo evitar lo que estoy sintiendo.

―¿No hay más currículum? ―Dejé las hojas organizadas a un lado de la mesa.

―¿Ninguna es de tu agrado? ¿Hay algo qué estés buscando específicamente? ―Tomó un sorbo de café con los ojos cerrados, disfrutando el sabor.

«Que no sea del género femenino»

―Me gustaría que me entrenará un hombre.

Abrió los ojos de golpe y dejó la taza de café sobre el platillo con tanta fuerza que este se partió a la mitad.

―¿Mayor cuanto? ―Ataqué rápido.

―De cuarenta años.

―Sesenta ―contraataque.

―¿Sesenta? ―dijo, impactado.

―¿Qué? Las mujeres de sesenta son capaces de enseñar defensa personal. Están bien capacitadas y pueden enseñar y hacer lo mismo que una joven, no las subestimes.

Una sonrisa torcida apareció en su boca.

―Está bien, que sea de sesenta entonces ―Me extendió su mano y yo la estreché.

―Un placer hacer negocios contigo.

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