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Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 107

De un lado a otro. Con sabana, sin sábana. Con almohada, sin almohada. Boca arriba, boca abajo.

No importaba que posición me pusiera, no lograba dormirme. Y mucho más, porque tenía al enemigo al lado, durmiendo plácidamente.

La punzada que sentía en mi antebrazo, retumbaba en el hueso reconstruido. Y no hallaba que lo calmara. Ni los malditos remedios naturales que me estaba dando Derek, ni los inútiles analgésicos sin receta. Lograban calmar parte del dolor, pero no se iba en su totalidad.

Mi cuerpo se sentía en un estado de alerta descomunal, incluso, llegué a temblar por razones desconocidas. Mi cuerpo estaba jugando en contra, me sentía fuera de mí.

―Duérmete ―La voz adormilada de Derek llegó a mis oídos.

Lo miré. Continuaba con los ojos cerrados. Su mano me buscó, pero yo lo aparté.

Seguía molesta. No había luchado por mi dolor. Con sus contactos, fácilmente pudo haberme conseguido receta para varías semanas extras. Simplemente, no quiso hacerlo. Él dice que es lo mejor para mí, pero, ¿no se daba cuenta que estaba sufriendo?

Ya habían pasado tres días y la incomodidad no se iba.

Tenía miedo, miedo de volver acostumbrarme a vivir con dolor, con incomodidad. No podía.

Estas noches han sido una pesadilla. Mi sueño se vio afectado. Dormía cuando podía, una vez que mi mente se callaba y me vencía el cansancio sobre el dolor.

Me despertaba muchas veces en la noche. El sueño me nublaba el juicio. Algunas veces, cuando abría los ojos; Derek estaba dormido a mí lado, otras; me observaba adormilado. Y otras; simplemente no estaba.

Sin embargo, estaba muy cansada y desorientada para preguntar. Hasta llegué a pensar que las imágenes eran parte de mi sueños.

Al despertarme en su totalidad, los ojos me ardían y me suplicaban volver a dormirme, pero no podía por más que quisiera. Así que me rendía y decidía terminar de espabilarme por voluntad propia.

―¿Cómo te sientes? ―preguntó Derek a mi lado, que parecía igual o más cansado que yo.

―Como la m****a.

―Carla dejó tu infusión en la mesita de noche ―anunció.

―Maldita infusión de m****a ―murmuré por lo bajo como una cascarrabias.

Debía admitirlo, estos días me había vuelto insoportable, irritable. No había quien o que me sacara una sonrisa.

En verdad, me extraño a mí misma. Quiero volver a ser la mujer que era antes.

En la noche, volvimos a dormir. Esta vez caímos temprano. Y me terminé despertando antes que Derek. Notaba que él estaba más cansado que yo y requería más horas de sueño.

Su celular comenzó a sonar y no quería que lo despertarán. Gatee sobre él, montándome a horcajadas hasta que logré alcanzar su celular.

Sophia.

¿Quién es Sophia?

Pensé en rechazar la llamada, pero la curiosidad es más fuerte que mi pequeño cuerpo.

Contesté.

―Buenos días, señor Fisher ―La voz femenina era dulce y pausada. Se mantuvo en silencio unos segundos, esperando una respuesta de quién creía era Derek―. Señor Fisher... Quería preguntarle si hoy también debo ir en la madrugada a su hogar después de que se duerma su esposa.

¿Qué?

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