El olor de Derek era varonil, fresco y poderoso. Me nublaba el juicio. Respiré profundo, siendo consciente que mi nariz comenzaba a congestionarse por el llanto, pero me negaba apartarme de su calidez.
Enterré la cabeza entre su clavícula y el cuello, permitiéndome consentir.
Sus brazos alrededor de mi cintura era una firmeza que no me había dado cuenta que necesitaba. Era como si quisiese transmitirme su fuerza.
Mi brazo enyesado impedía que nuestro torsos hicieran contacto.
Fue agradable cuando su mano acarició mi espalda. Me reconfortaba.
Odiaba admitir que esto me gustaba demasiado y quería que fuera eterno.
―Ya, ya, ya pasó. Estás bien ―dijo, dudoso.
No estaba acostumbrada a ver a Derek sin palabras. Y él no estaba acostumbrado a consolar a las personas, por lo que veo.
Sentí una punzada en mi brazo y no fue tanto por el dolor, fue más un recordatorio.
―No, no pasó, Derek. Esto nunca va a terminar.
―Yo me encargaré de tu deuda.
Me aparté, alejándome de sus brazos.
Debería sentirme aliviada por eso, pero significaba que había cambiado de prestamista. Eso es todo.
Pero con Derek, al menos no corro riesgo de terminar con un hueso fracturado. Aunque para mí, es igual de doloroso la manera en la que me trata cuando entra en su fase de prestamista. Es cuestión de tiempo para que me trate horrible y use la deuda en mi contra.
Sabía que Derek había profundizado en mi corazón, porque prefería sufrir físicamente con Martín antes que psicológica y emocionalmente por culpa de mi esposo.
―No bastará con eso para detenerlo ―admití―. Le rompí un vaso en la cabeza cuando me atacó… Debe estar buscándome.
―¿Hiciste eso? Muy bien. La próxima le puedes enterrar un cuchillo ―habló con emoción.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa
Oye si ya pagué para desbloquear capítulos y me regreso porque siguen bloqueados creo que no está bien...