Entrar Via

Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 69

―¿Por qué no le dijiste nada a Kira? Ella te habría prestado el dinero ―Se colocó en mi campo de visión. Estaba serio.

―Porque… Era orgullosa en ese entonces y pensé que podía resolverlo yo sola. Y desde entonces estuve pasando de deuda en deuda, ya van diez años. Tuve una deuda con la universidad, luego con el señor Martín y ahora contigo… ―Cerré la boca al instante. Derek se iba a convertir en mi prestamista una vez que le comprara mi deuda a Martín. No podía hablarle de esa forma y tentar mi suerte

Se recostó a mi lado.

―Pagaré tu deuda, no se traspasará a mí, estará completamente saldada. No le deberás a nadie.

―¿Por qué? ―cuestioné.

―¿Disculpa?

―¿Por qué vas hacer eso cuando es tu oportunidad de atraparme en tus redes como lo habías planeado? ¿Ya me perdonaste por haberte robado? ―Estaba jugando con fuego.

Me miró como si lo hubiera golpeado.

Debería quedarme en silencio, pero no podía.

―Lo siento. Discúlpame, Erika. Me comporté como un maldito imbécil contigo y entiendo completamente porque no confías en mí ―Acarició mi mejilla con su pulgar―. Te he tratado horrible y todo por mis malditos problemas del pasado.

No dije nada. No sabía que decir. Me gustaría decir: “te lo dije” Pero aún me siento culpable por haberle robado. Bueno, intentarlo.

―El dinero que me robaste… ¿Era para ese hombre? ―preguntó.

Asentí con la cabeza.

―Tenía cuotas atrasadas y había perdido el empleo.

―Por eso trabajabas como burro para esa mujer…

Él lo estaba comprendiendo, uniendo piezas.

Tomó mi barbilla y me besó con pasión.

―Ojalá no estuvieras herida para poder hacerte el amor ahora mismo ―dijo contra mis labios.

―Pero… hemos estado haciendo algunas cosas divertidas a pesar de estar herida ―dije, apenada.

―Es verdad. Y vamos a seguir haciéndolo, pero primero necesito que repitas lo que dijiste anteriormente para grabarlo en video. Voy por la cámara ―gritó al saltar de la cama―. Y asegúrate de repetir la parte donde te sentiste amada, segura y deseada por mí. Y no se te olvide la parte donde dijiste que no te arrepentirás de nuestro matrimonio.

―¡Ni pienses que voy a repetir eso! ―grité devuelta.

La puerta se abrió de una patada. Carla entró con una bandeja en mano. Su ceño era el de una mujer lista para pelear. Sus ojos rastrearon a Derek, preparada para pelear con él.

―¡Traje los aperitivos!

¡Mierda, se me había olvidado la orden que le di!

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa