El silencio se cernió sobre nosotros. Pude escuchar las agujas del reloj aumentando la tensión en la gran habitación.
―¿Qué quieres decir? ―Se levantó de la silla, avanzando lentamente hacía mí.
Quise encogerme lo suficiente hasta desaparecer.
―Lo que escuchaste. Es mi prestamista ―Aparté la mirada. No podía verlo a lo ojos.
―¿Le debes dinero a ese infeliz? ¿Cuánto?
No respondí.
Apreté el edredón.
Me tomó de la barbilla con sus largos dedos.
―¿Cuánto dinero le debes? ―Sus palabras estaban cargadas de un veneno peligroso y letal.
Sus ojos irradiaban ira.
―Actualmente, medio millón.
Frunció el ceño.
―¿Eso es todo?
Lo hizo sonar como si fuera poca cosa.
―Sí. Al principio eran doscientos mil. Pero la comisión fue subiendo mes tras mes, año tras año ―dije a mi pesar.
―Luego las aumentaron a un veinte porciento, después al treinta porciento. Me estaban ahogando y se aprovecharon del hecho que estaba sola y que eran unos maleantes amenazantes. Traté de oponerme, pero se aprovechaban de mí porque no tenía a nadie. Hablas que nosotros somos unas escorias, pero en realidad lo son ustedes que se aprovechan de la situación vulnerable de las personas. Solo tenía veinte años y no tenía red de apoyo. Ni padres, ni tíos…
Me tomó de los hombros, dándome una rápida sacudida.
―Ya, Erika. Cálmate. Respira ―Una de sus manos fue a mi mejilla. Con su pulgar, enjuagó una lágrima―. No llores ―susurró con dulzura.
Ni siquiera me había percatado que estaba llorando.
―Yo me resistí, durante años lo hice. No me importaban las palizas, podía resistirlo. Solo eran golpes, moretones y contusiones. Podía soportarlo. Así que no les hacía caso. Los mandé al diablo repetidas veces y seguí pagando al mínimo, ignorando sus tarifas fraudulentas. Pero mi rebeldía solo fue permitida los primeros años, milagrosamente ―dije con la voz lastimera―. Hasta que se les ocurrió romperme el brazo. Desde ese día tuve miedo. No volví a rechistar y obedecí a todo lo que me decían y acepté sus comisiones, las cuotas, todo.
De pronto, Derek hizo lo que menos esperé.
Me abrazó.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa
Oye si ya pagué para desbloquear capítulos y me regreso porque siguen bloqueados creo que no está bien...