Entrar Via

Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 70

Los siguientes días fueron pacíficos, tranquilos. Bueno, no siempre. A veces (para no decir todos los días) hacíamos cosas para nada pacíficas. Con nuestras manos y bocas. Queríamos más, parecíamos unos avariciosos insaciables, pero no podíamos ir más lejos por mi estado de salud.

Lo veía contenerse y yo no quería eso, quería recibir todo lo que era capaz de darme y mi cuerpo reaccionó explícitamente a eso, rodeándolo con mis muslos e invitándolo a tomarme. Yo carecía de algo que él no: autocontrol.

Recuerdo lo que me dijo:

―Esperé por ti diez años, puedo aguantar unas semanas.

.....

―Hola, esposa ―dijo, besándome en la boca.

Actuaba como si no nos hubiéramos visto hace media hora. Y también me había besado, de nuevo. Hizo lo mismo hace una hora, hace dos… Y así, consecutivamente.

Ya tenía los labios hinchados de tanto besarnos, pero este hombre parecía incansable. Si mi brazo no estuviese roto, estoy segura que pasaría todo el día con su miembro insertado en ya saben donde.

―¿Ya terminó tu junta por video llamada? ―pregunté una vez que nuestros labios se separaron.

―Sí, querían alargarse, pero les dije que fueran lo más breves posible si querían conservar su trabajo ―Sonrió como un bribón.

―¿Y no pienses volver a la empresa?

No ha salido de esta casa desde que me atacaron.

Levantó una ceja.

―¿Estás cansada de mi presencia?

―No dije eso. Solo que eres el director de la empresa y deberías estar ahí.

―¿Por qué? ¿Van a despedirme? ―dijo con humor.

―¿Tu abuelo no se molesta?

―No si la empresa sigue funcionando como es debido y no la descuido ―Se acostó en la cama, acariciando mi muslo al descubierto, solo llevaba una camiseta larga. La piel se me erizó ante su tacto.

Eso explica la cantidad de papeles revueltos a lo largo de la casa.

―¡Martín! ―repitió un poco más fuerte.

No estaba entendiendo el tema de conversación.

―Aja. Sobre él ―Imité su nivel de voz.

―¡No! Estoy tratando de decir que dejes de llamarlo señor. Es Martín y nada más. Es más, ni siquiera Martín, llámalo: maldita m****a asquerosa.

―Yo... yo ―Me quedé pensándolo.

Es cierto. Siempre lo llamo señor Martín, inclusive luego de atacarme e intentar violarme. Es como si tuviese esa manera de referirme a él marcada con fuego en el cerebro.

―Erika ―Se acurrucó en mis muslos―. Necesito que me des al menos una pista. Algo por dónde comenzar. No hay ningún Martín entre los prestamistas que conozco. No conocen su nombre, ni rumores de él. Debe pertenecer a una rama pequeña. No tengo por dónde comenzar.

¿Rama pequeña? Ese hombre que ejercía un gran poder, control y miedo era un microbio en el mundo de los prestamistas. Se me hacía irreal.

Se me hizo inevitable reírme ante tal incongruencia. ¿Alguien tan débil para Derek era demasiado fuerte para mí?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa