Entrar Via

Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 77

―¡Hazlo! Me ahorraría el trabajo de llamarlos yo mismo para denunciarlos por robo, desgraciado.

No sabía que pensar de la situación. Mi esposo por obligación estaba asfixiando a mi padre desobligado.

Ninguna emoción de compasión cruzó mi corazón al ver a mi progenitor en ese estado, con los ojos desorbitados y amenazando con ponerse en blanco dentro de pocos segundos. Y aún así, no quise intervenir.

―¡Suelta a mi esposo, maldito! ―exclamó mi madre.

Corrió en dirección a mi esposo, preparada para atacar. Sin embargo, fui más rápida y la abofetee, desorientándola. Se quedó quieta, sorprendida. Inclusive, yo estaba sorprendida. No podía creer mi accionar.

Solo le había levantado la mano a mi madre una vez y tuve que huir de casa en el proceso porque pensé que la había matado y creía que mi padre me mataría a mí por eso.

Derek soltó a mi padre con prisa y se interpuso entre mi madre y yo, supongo que usando su cuerpo como una barrera por si mi madre intentaba devolverme el golpe. Con mi brazo en este deplorable estado actual, no podría dar mucha batalla que digamos.

―Fue suficiente drama. Hora de negociar ―habló Derek, quitando importancia a lo sucedido.

Mi padre seguía tosiendo, tomando su garganta con las manos.

Disimuladamente, me apartó de ambos progenitores. Me sentó en el sofá cubierto y él se posicionó a mi lado, colocando una mano sobre mi rodilla, presionando ligeramente. Una advertencia para que no volviera hacer nada imprudente.

Con su otra mano, tiró un cojín que le molestaba, tirando más objetos del otro lado de la habitación. Actuaba como si la casa fuera suya. Y para mi sorpresa, mis padres no dijeron nada, no reclamaron.

―¿De qué negocios hablas? ―carraspeó mi portador de esperma.

―Los tengo grabado en video, así que ahorremos las excusas. Lo que debería importarles ahora es que tienen que hacer para evitar que yo revele su crimen ―habló con convicción.

Evité fruncir el ceño, pero no paraba de preguntarme: ¿Qué vídeo? En la mansión no hay cámaras de seguridad.

Ambos se miraron, batallando visualmente.

―Pero no hablemos… aquí ―habló con repugnancia―. Me gusta discutir los negocios en lugares apropiados. Síganme, hay un auto esperándolos afuera.

Derek me tomó de la mano y nos dirigimos a la salida. Nosotros nos subimos a un coche diferente.

No me atreví a preguntar adónde íbamos, estaba muy ocupada pensando en todas las posibles maldades que estaba maquinado el cerebro de Derek. Al descubrir mi fono, fue más explosivo y cruel. Pensé que sería igual, pero estaba manteniendo una compostura abismal.

Fe entonces cuando nos detuvimos en el club campestre. El mismo club donde Derek casi mató al deudor.

El estómago se me revolvió.

¿Derek planeaba hacer lo mismo con mis padres? ¿Cómo debería sentirme por ello?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa