Entrar Via

Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 78

―Explora el club o quédate en la habitación, yo me haré cargo de esto ―Acomodó su corbata, apacible.

―¿Qué? ―Sus palabras me sacaron de mis pensamientos―. Yo voy con ustedes.

―No, no irás ―habló con firmeza―. Esto es entre ellos y yo. Me robaron a mí, no a ti.

―¡Son mis padres a los que piensas torturar!

―¡Ah, perdón! Se me olvidaba lo mucho que querías a tus padres. ¿Cómo les fue en su última navidad? ―habló con sarcasmo rancio.

―Y si sabes que no los quiero, ¿por qué no me dejas ver lo que ocurre?

―Porque hay una diferencia entre no quererlos y querer ver que sufran ―gritó, para a continuación, soltar una bocanada de aire.

―Puedo resistirlo.

―No, no puedes ―gruñó.

―Ya estoy acá. No puedes impedir que yo entre contigo aquel cuarto, me pegaré a ti como garrapata ―dije entre dientes.

Me preparé para salir del auto, cuando aprisionó mi muñeca con su mano.

―Que no se te olvide lo que pasó la última vez que estuviste aquí. Y no me refiero a lo ocurrido con el deudor ―habló con voz amenazante―. Esta gente me obedece a mí, no a ti. Esto es por tu bien, así que quédate al margen.

Sus palabras me robaron el aliento.

Una vez más, trataba de aplastarme con su poder. No usó el contrato en mi contra como en el pasado, pero igual seguía tratándome como un ser inferior a él, recordándome constantemente que él es Derek Fisher y yo, simplemente, su esposa.

Su mirada era feroz, implacable.

Soltó mi muñeca.

―No eres como yo. Yo daría cada centavo de mi fortuna para ver sufrir a mis padres, tú no ―añadió.

Sin embargo, no le respondí.

Entré por la puerta de servicio, la misma que usé para tratar de escapar en el pasado. Las mujeres de la cocina estaban entonando una canción en otro idioma. Musa me miró a los ojos y gritó algo que no entendí. Era como un aleluya, pero no en español. Alika y Chika voltearon al instante.

Las tres mujeres se me acercaron a abrazarme, sin embargo, dieron un paso atrás al ver el yeso.

―Señora, ¿qué le pasó? ―Hurgó Alika, espantada.

―Es una larga historia ―intenté cambiar el tema.

―Lo bueno es que tenemos mucho tiempo para hablar ―dijo Musa.

―Claro que no, aún tenemos que hacer los aperitivos ―gritó otra de las chicas de la cocina.

―Ustedes están muy ocupadas y yo también. Tengo una misión.

Si Derek pensaba que me iba a quedar de brazos cruzados, no me conocía lo suficiente.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa