Me tomó del brazo, pegándome a su cuerpo
―Te ves horrible con esa ropa mugrienta. Tenemos que quitarte eso.
―No ―gruñí, luchando nuevamente contra su agarre, pero no había mucho que pudiera hacer con solo una mano.
―Necesitas cambiarte para poder ir al hospital.
Fruncí el ceño.
―¿Hospital?
―Estuviste recorriendo los conductos, afincando tu brazo lastimado. Necesitas ir a urgencias ―Pese a que lucía molesto, seguía predominando la preocupación.
Supongo que luego que el médico me revisara, vendría la reprimenda de mi vida.
Consiguió soltar otro botón.
―¡No! ―grité, asustada. Fue un chillido cargado de pánico.
No quería que me desnudara frente a Carlos. No lo consideraba un pervertido, pero jamás se conoce por completo a una persona.
¿Y si se asomaba a través de la cortina?
No quería pensar eso de él, pero la forma en la que me miró y se sonrojó al agarrarme la muñeca, me trajo dudas.
Se notaba ofendido, inclusive dolido.
―¿Por qué carajos no te puedo quitar la ropa? ―Fue un siseo peligroso.
―Yo… eh.. pues ―vacilé―. Estás muy molesto, podrías lastimarme en el proceso con tu brusquedad.
Soltó una carcajada falsa, escondiendo el disgusto.
―¿Yo podría lastimarte? ―Retrocedió unos pasos, impactado, como si mis palabras lo hubieran golpeado―. Estuve estas malditas semanas tratándome como una reina, como si estuvieses hecha de cristal, para que vengas a revolcarte como un animal por esos conductos.
―Eso no me lastimó… ―No se me ocurrió otra forma de defenderme sin contradecir mis argumentos.
Fui consciente de lo que estaba tramando. En realidad no iba a tener sexo conmigo, solo me quería dar una lección.
La verdadera pregunta era, ¿qué tan lejos estaba dispuesto a llegar?
Por más que fuese una farsa, mi corazón no dejaba de latir como un desgraciado.
―Esto se convertirá en un estorbo si lo dejamos ―Soltó el cabestrillo―. Ya demostraste que no lo necesitas.
Puso mi mano enyesada sobre su hombro, haciendo lo posible por ajustarla a su cuello para evitar que se caiga.
Sus labios rozaron el lóbulo de mi oreja, causándome escalofríos. Uno muy notorio.
Besó mi cuello con delicadeza, paseando su lengua por la zona sensible.
Se supone que esto es una farsa. Pero me estoy dejando manipular como si en verdad lo fuésemos hacer.
La verdadera pregunta es: ¿Hasta que punto piensa llegar?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa
Oye si ya pagué para desbloquear capítulos y me regreso porque siguen bloqueados creo que no está bien...