Entrar Via

Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 85

••Narra Derek••

―Por supuesto que no.

―¿Lo intentó?

―No.

―¿Te dijo algo fuera de lugar?

―Que no.

―¿Alguna proposi…?

―¡Que no! ―gritó, frunciendo el ceño―. Y tú sabes perfectamente que no sería capaz de hacerlo. Solo estás buscando alguna excusa para lastimarlo y no sé porque.

―¿No sabes? ―hablé con los dientes apretados―. Ese hombre te desea, por más que se niegue a decírtelo. Te desea a ti, a mi esposa, a mi mujer. ¿Qué más razones necesito para querer lastimarlo? También puede contar el hecho de traerte hasta aquí a través de los conductos con tu brazo en ese estado.

―¡Yo le ordené que lo hiciera! No te puedes molestar con él por eso.

―Ay, ya lo sé ―dije con falso humor―. Créeme, también estoy molesto contigo por eso.

Sin más, la tomé de los muslos, obligándola a rodearme las caderas con ellos. Jadeó por la sorpresa.

Coloqué su brazo enyesado sobre mi hombro, para mantenerlo elevado.

―Mantenlo ahí.

Aparté la tela humedecida que cubría su entrepierna. Por más que quiera hacerse la pudorosa, su cuerpo no mentía. Cómo pude, liberé mi erección.

Necesitaba sentirla, saber que era mía y solo mía.

Lo introduje lentamente, apreciando su expresión al abrirme paso en su carne.

Me encantaba su rostro, sus expresiones, como se mordía los labios y volteaba los ojos.

La metí por completo. Se sentía tan bien y me apretaba como el infierno.

―Podría morirme aquí adentro ―Pasé su lengua por su cuello.

Comencé a embestirla, duro y lento, notando el chapoteo que causaba nuestra constante coalición.

Su mano fueron a mi cabello, tirando de el, pero no me importaba.

Estaba presionando su cuerpo contra la pared. Olía tan bien.

Su olor era exquisito, narcótico.

El placer se acumulaba en mi glande, era insoportable y tan placentero. Y aún más con el rostro de disfrute de Erika.

La besé, tragándome sus gemidos.

―¿Tanto te importa?

―Es mi culpa. Yo lo obligué.

―¿Y cómo él sabía el camino a esta habitación? ¿Crees que es normal que un empleado sepa un camino secreto a las habitaciones privadas? ¡Ni siquiera yo estaba al tanto de que alguien podía meterse por aquí!

Y tenía que hablar con él, esta no debe ser la primera vez que usa ese pasadizo. Necesito saber que tanto ha visto y si tiene pruebas de algo.

Erika se quedó callada.

―Tranquila, hablaré con él primero.

―¿Y vas a considerar no despedirlo? ―preguntó.

―Consideraré no matarlo, ¿no te parece suficiente? ―gruñí.

―Eres un hombre desalmado ―Me miró con repulsión.

Siempre fue así. No importaba lo bueno que hiciera por ella, siempre se fijaba en lo malo.

Si ella creía que era un monstruo, me encargaré de confirmárselo.

―¿No viniste a ver a tus padres? Pues, ven. Te los enseñaré. Así podrás llamarme monstruo las veces que se te dé la gana.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa