Traté de relajarme y respiré profundo, apartando ese día y escondiéndolo en lo más recóndito de mi cerebro.
Preferí pensar en otra cosa, como el hecho que en cualquier momento Derek se levantaría y les daría una paliza por ingratos.
―¿Saben que los tenemos grabados en video? Tengo el material suficiente para hundirlos en la miseria.
Mi madre, tan prepotente como siempre, intervino:
―Venga ya, ¿vas armar tanto jaleos por unos huevos de decoración?
―Esos huevos de decoración, como usted lo llama, fue un regalo de la realeza y tienen un valor de millones de dólares. ¿Lo olvidaron? ―habló Derek, con seriedad.
Mis padres se miraron el uno al otro, mostrando nerviosismo. Inclusive pude escucharlos tragar saliva.
―¿Me van a decir dónde están o se los tengo que sacar a golpes? ―insistió mi esposo.
―Te diremos donde están si nos dejas ir. De lo contrario, si nos denuncias, jamás los recuperarás ―dijo Robert, tratando de mostrar dominio.
Spoiler: Falló.
Derek se rio, una risa jocosa, cargada de genuina diversión.
―¿Ahora me están chantajeando?
―No es chantaje, es por nuestra seguridad.
―Muy bien, ¿que ofrecen?
Volteé la cabeza tan rápido que me dolió el cuello, miré a Derek como si estuviese loco.
¿En verdad se iba a poner a negociar con ellos?
Derek dejó el vaso en la mesita decorativa, llamando la atención de todos.
―Bueno, suficiente juego. Ya me aburrió ―Le hizo una seña a uno de los hombres. Este se fue y volvió con un cofre. Derek abrió el cofre que le ofrecieron y dejó a la vista los huevos desaparecidos, tan brillantes y nuevos―. ¿Creyeron que iba a negociar con ustedes? Ya los había conseguido, solo quería ver que clase de parásitos eran.
―Si ya tienes lo que querías, ¿por qué nos siguen fastidiando? Déjanos ir ―gritó mi madre.
―No estás entendiendo. En realidad, no me importa estas decoraciones, lo único que me importa, es que unos hijos de puta se creen con el derecho de robar mi propiedad y luego exigirme que los deje en paz porque recuperé lo que es mío a pesar que no quisieron devolverlo por las buenas ―gruñó mi esposo―. Esta cantidad de dinero la consigo en mediodía.
―¡Pero ya los tiene...! ―Las quejas de mi madre fueron interrumpidas por el sonido de un objeto quebradizo.
Derek dejó caer los huevos al suelo, rompiéndose en pedazos.
Todos en la habitación soltaron un gemido de sorpresa. Rompió millones de dólares para dar una lección
―Entiende de una vez, maldita perra. Esos millones de dólares no me importan, lo único que quiero, es que sufran. A partir del día de hoy, se convertirán en mis esclavos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa
Oye si ya pagué para desbloquear capítulos y me regreso porque siguen bloqueados creo que no está bien...