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Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 88

Lanzó el cofre vacío a un lado.

―Ahora, estas son las reglas: harán lo que yo diga, cuando yo lo diga y porque yo lo diga. ¿Entendieron? ―Derek estaba disfrutando esto. Lo notaba en sus ojos, que parecían brillan más de lo normal.

―¿Y por qué te haríamos caso? Fuiste tú quien rompió los adornos ―interrumpió mi madre, exaltada.

Trató de levantarse, pero uno de los guardias volvió a ponerla de rodillas, presionando su hombro.

―Pruébalo.

―¿Qué?

―Dije: Pruébalo ―habló Derek, con una sonrisa siniestra―. Según las cámaras de seguridad, ustedes robaron mi propiedad. Fueron los últimos que estuvieron con los objetos antes de que aparecieran destrozados.

―¿Aparecieran? Pero si tú...

―¡Ya cállate! ―Le gritó mi padre―. ¿No te estás dando cuenta? Ninguno de los presentes va a decir que fue él quien los rompió. ¡No tenemos ninguna prueba a nuestro favor!

Parpadeé varias veces. En todos mis años de vida, jamás había visto que discutieran entre ellos, preferían gritarme a mí en su lugar.

Mi madre vio con real sorpresa a mi progenitor. Las palabras parecieron surtir efecto, ya que cerró la boca. La mujer que me parió, me dedicó una mirada suplicante, como si la estuviese traicionando por ponerme de parte de Derek.

Deberían dibujarla como la representación del cinismo.

Tal vez, en un pasado, hubiese surtido efecto, cuando aún era ingenua y necesitaba de su afecto. Ahora, no podría importarme menos.

Estuve endeudada y amenazada durante años y a ellos les dio igual. Es más, es su culpa que yo haya terminado en esa situación. Porque me vi en la obligación de huir de mi propio hogar a temprana edad.

La respuesta era fácil: no.

O eso es lo que creí. Se lo pensó mucho.

Me quedé impactada ante su silencio, mi padre era un narcisista de primera. Ni siquiera era capaz de quererme a mí. Nunca me defendió, nunca jugó conmigo. Pero siempre noté que le tenía afecto a mi madre. Pensé que, era la única persona que había logrado entrar a su corazón. Pero al parecer, no fue así, porque jamás le serías infiel a alguien que forma parte de tu corazón.

Pero aquí estaba, dudando. Incluso, pudo mentir, decir que “no” aunque no fuera cierto. Derek jamás lo sabría. Sin embargo, era tanto el control mental que tenía mi esposo sobre él, que decirle una simple mentira, le aterraba.

―Sí, le he sido infiel.

Mi madre lo miró con un odio puro, llevándose una mano al pecho, como si estuviera sufriendo un infarto.

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