Entrar Via

Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 90

―Tú y yo no somos iguales a ellos. Yo sí te amo, no finjo, no es parte de una actuación ―Me miró fijamente.

Era la segunda vez que me decía: te amo. La manera en que lo decía, la forma en que me miraba… Parecía real. No, mejor dicho, necesitaba que fuera real.

―¿Y no vas a terminar engañándome como él hizo con ella?

―¿Tú me engañarías como ella hizo con él?

―Ni se me había cruzado por la mente ―respondí con honestidad.

He visto a muchos hombres en el trabajo, en la calle. Y ninguno había llamado mi atención desde que me relacioné con Derek. No recuerdo la última vez que vi a un hombre con deseo que no fuera este hombre.

―Yo tampoco ―dijo al instante.

―Pero es diferente, yo no he estado con nadie además de ti. En cambio tú, has probado otros sabores ―Jugué con el dobladillo de mi falda.

Él estuvo con varias mujeres y las descartó. No es un hombre que se conforme fácilmente. Yo en estos momentos, era una novedad. Pero él como hombre que está acostumbrado a tomar y obtener siempre lo que quiera, llegará al punto de aburrirse de mí y buscar un nuevo juguete.

―Y ninguno se compara con el tuyo ―Pasó su mano por mi mejilla, apartando el cabello. Su voz era baja, asegurándose que entre todos los presentes, solo fuera yo quien lo escuchara―. Estuve con muchas mujeres, no lo niego. Pero siempre fuiste la única que verdaderamente quise tener, en la única que rondaba mi mente. Y ahora que pude tenerte, ya no quiero nada más. Yo no te pido mucho, solo que me permitas permanecer a tu lado.

―Yo... Yo... ¿Cómo dices las cosas así de fácil? ―Sentí que el rostro me comenzaba a hormiguear hasta detrás de los ojos. Era la vergüenza abriéndose paso.

El corazón me latía demasiado rápido y mis manos se movían por si solas. Él tomó mi mano, calmando lo que podría haberse convertido en un ataque de pánico.

―Yo te seré fiel, de eso no tienes que preocuparte. Mis ojos siempre han estado en ti, la única diferencia es que antes no podía tenerte ―Su mirada era intensa, avasalladora.

¿Qué debía decir? Se me estaba confesando el hombre que prometí odiar y estaba comenzando a amar.

―Bueno, recuerden que ahora trabajan para mí y harán lo que yo les digan si no quieren ir a prisión. Pórtense bien, vean que no tengo paciencia.

Nos levantamos y nos dirigimos a la puerta. Una mano sujetó mi tobillo a mitad de camino. Las uñas se clavaron en mi piel, pero no me quejé.

Los ojos de mi progenitor, Robert, me fulminaron, iracundos.

―Que no se te olvide lo que le estás haciendo a tu familia ―gruñó, apretando con más fuerza mi tobillo.

Traté de seguir caminando, pero era inútil. Aunque no necesité hacer mucho esfuerzo, porque Derek le asestó una patada en la nariz, provocando que se caiga de espalda. Pude escuchar el crujido de su hueso al romperse.

―Tú no eres su familia, yo lo soy.

Fue un segundo que miré a mi padre derribado, con la nariz chorreando sangre antes de sacarme de la habitación, dejándolos atrás.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa