Recuerdo ese día con satisfacción. Fue la primera vez que me sentí libre y ligera, a pesar que esa decisión me llevó a sufrir situaciones difíciles.
―Estaba muy molesta, le pedí a mis padres que dijeran la verdad y se rieron en mi cara. Salieron a cenar, burlándose porque estaba llorando. Una vez que se fueron, destruí todo. Cada objeto que fue robado a lo largo de los años, lo destruí, lo rompí, lo quemé. ¡Todo! No se salvó el plástico, el metal, la cerámica, el oro, nada. Iba a incendiar la casa, lastimosamente, no tenía gasolina. Sin contar, que mis padres me encontraron en medio del desastre...
Reviví ese momento en mi mente. Recuerdo el sabor de la ira y de la impotencia siendo liberadas al arruinar cada objeto que robaron. Lo que era de plástico, lo destrocé, lo que era de vidrio lo rompí, el papel lo piqué en muchos pedazos y aquello que era demasiado duro, usé un martillo para abordarlo y pintura para que perdiera valor.
―¿Te lastimaron? ―preguntó deprisa. Apretó mi mano, inconscientemente.
―No, no. Lo intentaron, pero en un arranque de ira, le rompí un jarrón en la cabeza a mi madre. Fue tan poético ver que uno de los objetos que robó terminó por derribarla ―Suspiré con alivio al recordar la falta de culpa que me acompañó en ese momento mientras mi padre se arrodillaba frente a ella, tratando de despertarla y ella no respondía. Sabía que no estaba muerta, pero la lastimé―. Aproveché en huir cuando mi padre fue ayudarla. No tenía a donde ir, ni conocidos, ni un centavo en mis bolsillos. Tuve que estar unos días sin hogar, hasta...
―¿Sin hogar? ¿Cómo es eso?
¿Era una pregunta retórica o en verdad no sabía lo que significaba “sin hogar”?
―En la calle. Estuve durmiendo en plazas, en la playa, baños públicos...
―¡Tú no hiciste eso! ―Me interrumpió nuevamente, ofendido.
Su rostro era una mezcla de enfado y... ¿Repulsión?
No me gustaba su expresión.
Frunció el ceño.
Él sabía que mis “pero” nunca eran agradables.
―Quiero que estén presos. Quiero que paguen por sus crímenes. Quiero... que la gente que antes me acusaba vean por televisión quienes eran los verdaderos ladrones. Quiero... ―Me callé al darme cuenta que me estaba emocionando.
Tenía expectativas al verlos presos, no convertidos en esclavos. Quería verlos pagar de esa manera. Pensé que ya había pasado página con mis traumas familiares, pero ahora me daba cuenta que no es lo mismo cerrar el libro que arrancar las hojas.
―Trato hecho ―dijo al instante.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa
Oye si ya pagué para desbloquear capítulos y me regreso porque siguen bloqueados creo que no está bien...