Caminé a paso veloz, negándome a compartir oxígeno con él.
―Erika, Erika ―gritó, siguiéndome―. Por ese camino no está la salida.
Consideré sus palabras, pero no iba hacerle caso y dar media vuelta, porque el orgullo no me lo permitía.
Abrí la primera puerta que encontré y me detuve en seco.
Un doctor estaba atendiendo a un paciente. Y por lo que dejaban a la vista, algo me decía que el doctor era un urólogo.
Derek apareció detrás de mí, y nuevamente, me cubrió los ojos, sacándome de ahí.
―¿Qué carajos haces viendo eso?
Quité su mano de mi campo de visión.
―Lo dices como si yo supiera que había del otro lado de la puerta ―Arrugué la frente.
―De igual manera ―La parte irracional de Derek estaba comenzando a tomar el control y no podía permitirlo, yo era quien estaba peleando con él, no él conmigo.
―¿Piensas que soy una drogadicta? ―Lo confronté, necesitaba preguntarlo directamente, porque sentí que tanto la doctora como él, me veían de esa forma.
―No, no lo eres. Pero todos somos débiles antes las adicciones. Muchos comenzaron como tú, su único propósito era calmar el dolor, pero como cualquier ser humano, terminó cayendo ―dijo con seriedad.
―Pero yo no lo haré.
―¡Tú no lo sabes!
―¡Tú tampoco!
Nos miramos en silencio durante unos segundos, en medio de aquel pasillo esterilizado.
―Sí, si hay un problema. ¡Mi esposo no deja que me drogue! ―hablé con seriedad, para a continuación, darle la espalda a los presentes y emprender el camino de regreso.
Salí de la clínica y atravesé el estacionamiento, pasando junto al auto de Derek. Salí por completo del área de salud, caminando por la calle a paso furioso. Miré hacía atrás y Derek me estaba siguiendo, pero no con intención de alcanzarme. Se mantuvo a una distancia prudente, dándome mi espacio.
Volví a mirar al frente, percatándome que caminaba sin rumbo alguno. No tenía ningún lugar a donde ir, no tenía un apartamento propio, ni un lugar que me gustara. Estuve estudiando la mitad de mi vida y trabajando la otra, enfocada en ser una esclava del sistema que no me di cuenta que me perdí muchas cosas en la vida, muchos momentos. Hay tanto que no pude experimentar y dejé que el tiempo corriera. Todos viven su vida y yo quedé atascada.
Decidí cruzar a ver si pedía a mi guardián. Miré atrás nuevamente y noté que se quedó del otro lado, porque justo cambió el semáforo de color.
―¡Erika! ―gritó para que lo esperara, pero no lo hice.
Seguí caminando con mis pensamientos dispersos. Con mi hombro, golpeé accidentalmente a alguien.
―Discul… ―Me quedé a mitad de la oración al ver al hombre que tenía frente a mí.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa
Oye si ya pagué para desbloquear capítulos y me regreso porque siguen bloqueados creo que no está bien...