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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 112

Capítulo 112 Efectivamente, había llevado a Paulina a ver al médico. ¿Ya no volvería a obligarla a tener hijos?

La enfermera los guio para recoger los medicamentos. Como eran infusiones herbales, les preguntó si preferían que se las prepararan en la clínica o si las hervirían ellos mismos en casa.

Adrián eligió que se las prepararan allí. Había dos opciones: pasar a recogerlas o envío a domicilio. Él optó por el envío, y al llenar la dirección, anotó la de Graph Corporation.

En realidad, Olivia no tenía forma de saber qué dirección había puesto; estaba demasiado lejos para ver.

Pero fue la propia Paulina quien, con voz mimada, le preguntó: —¿Por qué pusiste la dirección de la empresa?

Él soltó la pluma y le respondió en tono serio: —Tienen que enviarlo a la oficina. Dejé mi número personal para recibirlo yo mismo. Voy a supervisar personalmente que te tomes esto. Ya te conozco; si te lo dejo a ti, te lo tomarás un día sí y dos no.

Paulina hizo un puchero y se contoneó con coquetería.

¡Qué típico jefe controlador!

Y encima, recibiendo paquetes en persona...

Recordó que, tiempo atrás, en un día en que la temperatura bajó, se preocupó de que él no tuviera ropa abrigadora y pensó en mandarle algo. Como no se atrevía a ir a su oficina y Rosa estaba ocupada, se le ocurrió pedir un mensajero.

Aun así, no se atrevió a tomar la decisión por su cuenta. Lo llamó para preguntarle si debía dejar su número al mensajero o...

Solo llegó a decir ese "o..." Ni siquiera pudo terminar de sugerir que se lo dejara a la recepcionista o a la asistente, cuando él la interrumpió con un tono cortante: —¿Que le deje mi número personal a un mensajero? ¿ En qué cabeza cabe?

En ese momento entendió que él era un empresario de éxito, un ejecutivo inalcanzable que debía cuidar su privacidad; no podía ir repartiendo su número a cualquiera.

Pero ahora, él mismo había anotado su número personal para que lo tuviera un simple repartidor de paquetería, todo con tal de recibir el paquete en persona.

Eso demostraba que sus supuestos principios de hecho no existían; su única regla era hacer lo que le daba la gana.

Y no le bastaba con recibir el paquete. Adrián también le preguntó a la enfermera si había alguna restricción con la comida.

Vaya que estaba bien informado...

La enfermera no supo qué responderle y le sugirió que regresara a consultarlo con el médico.

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