Capítulo 252 El taxista no aceptó el dinero.
Adrián, que en principio tenía pensado ir a la oficina, estaba recostado sin ganas de levantarse. Al rato, sacó su celular, y vio las publicaciones del Gordo y se encontró con lo más cotidiano de la vida de una persona común: lo que había cocinado su esposa ese día, qué travesura habían cometido los dos niños, cómo el perro de la casa volvía a destrozar todo, o cómo él mismo, en algún día libre, presumía sus dotes de cocinero...
Una vida sencilla y genuina, registrada con palabras simples, llena del calor de lo cotidiano, y, sin saber bien por qué, a Adrián se le aguaron los ojos.
En cada foto, todos sonreían. No cualquier sonrisa, sino esa en la que los ojos se iluminan solos.
No pudo evitar dejar un comentario bajo la foto donde el Gordo cocinaba:
"Vaya que sabe, se ve delicioso".
Siguió revisando otras cosas, y al rato apareció una notificación. Al abrirla, vio que el Gordo le había respondido:
"Cuando quiera, está invitado a mi casa".
Adrián se rio en silencio y negó.
¿Cómo iba a ser posible algo así? Era un chofer al que acababa de conocer, ¿cómo iba a ir a su casa?
Seguía en pijama. Primero estuvo recostado contra la cabecera, pero poco a poco fue resbalando hasta quedar casi acostado, y un poco después se dio cuenta de que no tenía energía para nada y que las ganas de ir a la oficina se habían esfumado.
La foto de su boda con Olivia seguía colgada en la pared.
La había tomado el fotógrafo el día de la ceremonia.
Recordó que Olivia había querido hacer una sesión de fotos de bodas como tal. Se lo había mencionado varias veces, pero él siempre respondía que estaba ocupado, que ya habría tiempo. Poco a poco, ella dejó de pedirlo. Y él terminó olvidándolo.
Tiempo después, ella eligió una de las fotos de la boda, la mandó ampliar e imprimir y la colgó ahí. Lo esperó con entusiasmo cuando volvió a casa, lo jaló para que la viera y le preguntó si le parecía bien ese lugar, si la foto se vea bonita...
Él le respondió con un par de frases distraídas y se fue a bañar.
Había notado cómo la luz en los ojos de Olivia se apagaba, y aun así no se volvió...
La cabeza le pesaba cada vez más. Dejó el celular a un lado. Se dio cuenta de que nunca había descansado, desde que tenía memoria, su estado natural había sido la tensión y el trabajo constante.
No había tenido un solo día como ese, en que se quedara en cama sin hacer nada.
Bueno, era su período de descanso, a fin de cuentas.

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