Capítulo 281 La melodía inundó el escenario; era la música grabada en lo más profundo de su alma.
En cuanto sonaron las primeras notas, cada célula de su cuerpo despertó y comenzó a moverse al compás.
Olivia respondió a la mano que Julián le tendía.
Por suerte, como necesitaba moverse con libertad durante el trabajo, ya llevaba puesto el traje de ensayo. En cuanto a las zapatillas... se quitó los zapatos de una patada y, en el instante en que sus pies descalzos tocaron el escenario, sintió una fuerza que le subía desde las plantas, encendiéndole la sangre.
Cuando Julián la elevó en el aire, se transformó en mariposa y voló al unísono con la imagen de sí misma de cinco años atrás que se proyectaba en la pantalla.
El público estalló en aplausos.
Olivia lo sabía: era la cálida generosidad del público.
Su desempeño no era igual al de su mejor momento, cinco años atrás, pero quienes amaban el arte le regalaron un aliento entrañable, sin decirle como algunos: "Ya no puedes bailar, ya te vi, ya no sirves..." Cuando ella y Julián completaron una pose impecable, la música cambió a la alegre melodía de " Las Mañanitas", y el público cantaba a coro mientras aplaudía.
Valentina apareció desde algún rincón detrás del escenario empujando un enorme pastel de tres pisos, y en medio de la canción, le pidió a Olivia que pidiera sus deseos.
Rodeada de velas encendidas y sonrisas, Olivia pidió tres deseos: que su abuelita tuviera salud y larga vida; que todos sus maestros y compañeros de la compañía fueran felices en todo; y que... algún día pudiera volver de verdad a ser el Cisne de antes.
En el instante en que abrió los ojos, una ovación volvió a encender el teatro.
Con la cara radiante de alegría, cortó la primera rebanada de aquel pastel enorme.
Después, sus compañeros la ayudaron a cortar el resto en porciones pequeñas y las repartieron entre cada actor y miembro del equipo de la gira, y también entre el público.
Los espectadores decían que era la función más especial que habían visto en su vida.
Olivia también quería decir que ese era el cumpleaños más especial que había tenido en toda su vida.
Varias bailarinas jóvenes del cuerpo de baile bajaron con charolas repletas de rebanadas de pastel para repartirlas.
—Señor, gracias por venir a nuestra función. —Una de las bailarinas se acercó a un joven entre el público.
El joven miró el pastel un buen rato sin decir nada.

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