Capítulo 286 En cuanto la abuelita apareció en la pantalla, ya estaba sonriendo, pero al distinguir bien quién se veía en el celular, se sorprendió muchísimo y se puso feliz.
—¡Ay, no puede ser! ¿Ya están juntas? —exclamó.
—Sí, abuelita, Lorena vino especialmente a verme — dijo Olivia.
Frente a su abuelita y su tía, Olivia tenía esa ilusión de que por fin podía ser una niña otra vez.
—¡Lorena, mírala! ¿Cómo está esta muchacha? ¿Se adelgazó? Ella siempre me dice que todo está bien, bien y bien, ipero sospecho que me está viendo la cara! —dijo Mercedes entre risas, con los ojos entrecerrados de alegría.
Lorena ya la había observado bien. Aunque la chica tenía la pierna lastimada y estaba delgada, irradiaba vitalidad de pies a cabeza. Así que le reportó a su madre con una sonrisa:
—Mamá, puedes estar tranquila, la niña está perfecta.
Si te molesta que esté tan flaca, espérate un mes, que cuando venga a estudiar, tú te vienes también y entre las dos la engordamos.
Mercedes se rio con tantas ganas que no podía cerrar la boca.
—¡Ay, hija! Contigo de cocinera me temo que no va funcionar. Si voy yo, ¡lo que voy a terminar criando son dos cochinitas!
Lorena también se rio.
—Mamá, ya tengo un montón de años encima, jy todavía me dices así!
—¿Y qué? No importa cuántos años tengas, ¡siempre vas a ser mi hija!
—¡Exacto, exacto! Lorena, aunque cumplas ochenta, i sigues siendo la consentida de la abuelita! —intervino Olivia.
Mercedes se puso todavía más contenta al escuchar eso.
—Bueno, entonces la presión me cae a mí, ¿no? ¡Voy tener que echarle ganas para llegar a los ciento veinte!
a —¡Abuelita, tú vas a llegar a los ciento veinte! —dijeron Olivia y su tía al mismo tiempo, haciendo que Mercedes se riera todavía más.
Las tres generaciones platicaron animadamente durante un buen rato. Todas soñaban con que, en poco más de un mes, Olivia llevaría a su abuelita a la ciudad donde vivía Lorena para comenzar sus estudios, y las tres por fin estarían juntas. Incluso Mercedes, que siempre había sentido cierta inquietud por viajar tan lejos a otro país a su edad, ahora estaba ilusionada.
La compañía de danza tenía tres funciones en esa ciudad, y Olivia se quedaría cuatro días. Durante esos días, Lorena estuvo a su lado en todo momento.
El último día, al terminar la función, la despedida era inevitable: Olivia partiría hacia la siguiente ciudad y Lorena regresaría a casa.
Esa noche, Olivia le pidió permiso a la maestra Carmen y se fue a dormir al cuarto de su tía.
Lo que no esperaba era encontrar a un joven en la habitación: Santiago.
El hijo de Lorena. Su primo.
Una persona distinta a Mateo.

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