Capítulo 612 Con el celular en la mano, pasaba sin rumbo de un video a otro en internet, pero no registraba nada.
No sabía qué estaba esperando. Al final no llegó nada de lo que esperaba y, con el celular en la mano, se fue quedando dormida.
Empezó a soñar. Soñó con una época en que toda la ciudad estaba cubierta de adornos por las festividades; aquel día también era de noche, también era Nochevieja, y ella salía de la casa de su abuela, había empacado medio pollo rostizado y se disponía a ir a buscar a Adrián.
Era el primer Año Nuevo que Adrián pasaba sin la compañía de su abuela. La abuela de Adrián había muerto poco antes.
En esos días el clima era muy frío; cuando uno se quedaba mucho rato afuera, el frío calaba hasta los huesos, igual que la mirada de Adrián en esos días.
Él vivía con su abuela en una casa grande, lo único que su padre le había dejado, un techo donde refugiarse.
Había estado ahí una vez, así que la encontró sin problema, pero aquella noche, con todas las casas iluminadas, las luces de la casa de Adrián estaban apagadas.
Casi podía imaginarlo. En una noche en que todas las familias estaban reunidas, un lobo solitario se lamía las heridas en la oscuridad.
Pensó que Adrián se había condenado a pasar la noche solo. Pero se equivocaba. Tocó el timbre largo rato y nadie fue a abrir. ¿Habría ido a casa de unos parientes?
Imposible, no tenía parientes, y aunque los tuviera, con su carácter no iría. ¿Habría ido a casa de algún compañero? Menos probable aún; su orgullo jamás le permitiría que alguien lo viera en semejante miseria.
¡Ojalá hubiera ido a un lugar donde pudiera pasar un buen Año Nuevo!
Olivia se dio la vuelta con el pollo rostizado en brazos, pero en la esquina se encontró con otra persona, Leonardo.
—Hola. —Él la saludó con una gran sonrisa—. ¿Vienes a buscar a Adrián?
Olivia asintió.

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