Capítulo 614 Algunos dicen que no existe eso de sentir lo que otro siente.
Pero claro que existe. ¿Cómo no va a existir? En ese momento, Olivia entendía exactamente lo que él sentía.
Siete años atrás, ella había sido igual. Siempre con un "no duele, estoy bien, voy a mejorar, no se preocupen"
en los labios. Pero ¿cómo no iba a doler? ¿Cómo no iba a haber angustia?
Y aun así, él miró a la abuela con aquellos ojos suplicantes, y la miró también a ella.
—Abuelita, Oli, se los suplico, ya no vengan, ¿sí? No quiero que me vean así, tan indefenso y acabado.
Cuando esté mejor, voy a aparecer guapísimo frente a ustedes, ¿les parece?
La abuela suspiró y asintió.
—Está bien.
—¿Oli?—Volvió a mirarla.
Olivia tomó aire, contuvo el ardor que le subía por la nariz y asintió.
—Entonces prométeme algo. Cuando salgas del hospital, avísame y vamos a comer algo rico —dijo la abuela con seriedad.
Adrián asintió.
—Sí, les voy a avisar.
Y así, desde ese día, Olivia y la abuela no volvieron a visitarlo al hospital. Unos días después, Daniel y el otro guardaespaldas recibieron el alta. De él seguía sin haber noticias.
En un abrir y cerrar de ojos, también pasó el Día de Reyes. Por la noche, mientras comían la rosca de Reyes, la abuela aún murmuraba:
—Lo correcto sería comer rosca, pero él todavía no se recupera, y la rosca le caería pesada.
—Tranquila, abuelita, mandé a alguien a verlo, le llevaron comida y también regalos —dijo Santiago.

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