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¿Mi esposo es mi amante secreto? romance Capítulo 285

Cristina lo esperó en su oficina. Mientras dudaba si contárselo a Natán, la puerta de la oficina, que estaba cerrada con fuerza, se abrió de un empujón. Magdalena entró con unos documentos y, al posar la mirada en Cristina, se quedó sorprendida, diciendo:

—Señora Herrera, será mejor que vuelva pronto. Siempre es difícil saber cuánto durarán las juntas del señor Herrera. Si surgen imprevistos, puede que tengamos que quedarnos a trabajar tarde; la noche anterior, nos quedamos hasta las tres de la mañana. Ah, olvídelo… Aunque le cuente estas cosas, no podrá entenderlo.

En ese momento, Magdalena puso un semblante orgulloso, ya que solo ella podía trabajar junto a Natán. Al ver su expresión, Cristina tuvo la sensación de que Madison podía ser la culpable que había intentado hacerle daño. Bajó la taza que tenía en la mano y comentó con desinterés:

—Tienes toda la razón. Es como si yo fuera la única que puede cuidar de Natán cuando llega a casa. Eso es algo que tú jamás podrás entender.

—¿Qué? —Magdalena se sonrojó y su hirviente rabia hizo que su corazón palpitara mientras apretaba los puños. El ambiente en la oficina se llenó de hostilidad y tensión.

En ese momento, se volvió a abrir la puerta de la oficina de un empujón, en la cual entró Natán. Al verlo entrar, Magdalena borró su expresión fría enseguida y retomó su actitud tranquila de siempre.

—Ya que rara vez viene por aquí, debe probar el nuevo café que nuestra empresa compró, señora Herrera. Permítame prepararle una taza. —Magdalena se retiró con una sonrisa.

A Cristina le sorprendió la rapidez con la que la otra podía cambiar su comportamiento. Cuando estaba a punto de responder, sonó su teléfono y vio que era una llamada de la estación de policía.

—¿Por qué no contestas? —preguntó Natán al verla. Su mirada penetrante la inquietó, haciéndola tomar su teléfono y contestar la llamada.

—Señorita Cristina, detuvimos al sospechoso que la empujó en la carretera. Es un individuo con un trastorno de personalidad antisocial. Gracias a nuestra minuciosa investigación, averiguamos que este hombre no ha cruzado camino con usted. Ya está detenido.

—Muy bien. —Todas sus dudas se despejaron—. Me alegro de que todo haya salido bien.

—Si necesita ayuda, no dude en comunicarse con nosotros.

—De acuerdo, gracias.

Tras colgar el teléfono, Cristina sintió que el miedo le recorrió el pecho al recordar aquella escena espantosa de antes: si aquel conductor no se hubiera detenido a tiempo, las consecuencias habrían sido graves.

—¿Quién te llamó? —preguntó Natán, despreocupado, al notar su actitud distraída. Ella borró el registro de llamadas y guardó su teléfono.

—No era nadie. El plazo de entrega de un lote de telas que ordené se retrasó.

«De cualquier forma, esto no fue más que un accidente espontáneo, así que no hay por qué alarmar a Natán. En ese caso, ¿significa que este asunto no se relaciona a Magdalena? ¿Será que lo pensé demasiado?».

Natán notó que Cristina estaba un tanto despistada y le resultaba difícil entender qué escondía, como si hubiera una especie de barrera invisible entre ellos.

—El trabajo es importante, pero también lo es tu salud —le dijo.

Cristina se recompuso, se le acercó y le pellizcó la nariz.

—Ya lo tengo. Eres muy joven, pero ya me estás regañando.

Él la acercó para abrazarla.

—Sé que tu estudio pronto organizará su primera exposición, así que ya ayudé a reservarte el espacio principal en el centro comercial.

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