¿Por qué esta vez se había tomado tantas molestias para ayudarla a investigar quién había robado sus bocetos?
Si de verdad la odiaba, ¿no habría aprovechado la ocasión para revenderle la Mansión Blasco a un precio exorbitante?
Si la odiaba tanto, ¿no habría dejado que el escándalo de los bocetos creciera hasta hundir su carrera por completo? Disfrutar de su caída en primera fila habría sido mucho más fácil para él.
Talía estaba confundida. No lograba descifrar quién era realmente Luciano Lara, ni mucho menos si él tenía las manos manchadas por lo que pasó hace cinco años.
Sabía que era arriesgado preguntarle de forma tan directa, pero necesitaba apostarlo todo.
El aire pareció congelarse en la habitación. Talía, con las manos sobre la mesa, apretó los puños lentamente, delatando el nerviosismo que la consumía.
Al escucharla, Luciano hizo una pausa. Dejó la sopa a un lado, sacó una servilleta y se limpió la boca con parsimonia, sin mostrar el más mínimo indicio de pánico o alteración. Parecía estar en control absoluto de la situación.
Talía, en cambio, estaba rígida. Sus ojos estaban fijos en él y su respiración se había ralentizado. El tiempo parecía haberse detenido, prolongando los segundos como si estuviera a punto de escuchar un veredicto definitivo.
—Está bien —respondió él, con voz serena.
Esas dos simples palabras cayeron como un ancla, liberando a Talía de la inmensa presión que le oprimía el pecho.
Cerró los ojos con fuerza, exhaló un profundo suspiro de alivio y luego volvió a abrirlos, con la mirada ligeramente cristalizada.
Talía sabía perfectamente que el hecho de que Luciano accediera a ayudarla no lo eximía de culpa, pero, por alguna razón, le quitó un enorme peso de encima.
Ni ella misma entendía por qué se sentía tan aliviada.
—Así que... ¿todo este tiempo has estado sospechando que yo tuve algo que ver con lo que le pasó a tu familia?
El rostro de Luciano se oscureció. Había incredulidad y reproche en su voz.
Solo bastaba con ver la expresión de Talía para darse cuenta de que ella siempre lo había considerado el principal sospechoso, y eso a Luciano le dolió en el alma.
¿Así es como ella lo veía? ¿Como un monstruo capaz de tenderle una trampa asquerosa a su familia por puro despecho?

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