Al girarse, se llevó una sorpresa. Frente a ella estaba ese rostro vagamente familiar: Benigno Vega.
—¡Casi me matas del susto! —exclamó Talía, llevándose una mano al pecho y fulminándolo con la mirada.
—¿En serio te asustaste tanto? ¡Ni que fuera para tanto!
Benigno aún recordaba cómo Talía se le había enfrentado a Ximena Heredia en su momento. Alguien con ese temperamento volcánico no debería asustarse tan fácilmente.
—¿Cómo no me iba a asustar? Eres doctor, ¡deberías saber que un buen susto te puede mandar al otro mundo!
Desde el día que descubrió lo patán y mujeriego que era, Talía no lo soportaba. Solo ver su actitud de donjuán arrogante le daban ganas de darle una bofetada.
Lástima que ella era una señorita educada, así que sus golpes solo eran verbales.
—Bueno, bueno, te pido perdón. Lo siento mucho, hermosa, me disculpo, ¿contenta?
Benigno sabía que Talía tenía una lengua afilada. Y aunque se veía ruda con los demás, ser el blanco de su temperamento no era nada divertido.
No lograba entender qué le veía Luciano Lara. ¡Llevaba cinco años obsesionado con ella! ¿Acaso a Luciano le gustaban las mujeres agresivas?
Definitivamente, Luciano había perdido la cabeza.
Con tantas mujeres en el mundo, tenía que enamorarse de este pequeño demonio, con rostro angelical, seductor y hermoso, pero con el carácter de un volcán en erupción.
Viendo que se había disculpado, y como ella no era de guardar rencor por pequeñeces, Talía decidió dejarlo pasar.
—¿Y tú qué haces aquí? —le preguntó casualmente.
—Ay, preciosa, por si se te olvidó, soy el médico especialista estrella de este hospital. Estoy en mi horario laboral. Si no estuviera aquí, ¿dónde más iba a estar? Nos vimos hace dos días y ya me borraste de tu memoria.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi ex-marido me arruinó, volví con sus hijos