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Mi ex suplica, mi esposo manda romance Capítulo 11

Sebastián se fue.

Antes de salir, como impulsado por una fuerza extraña, le dijo:

—Mañana volveré temprano, Isa. Ayúdame a celebrar mi cumpleaños atrasado.

En tres años, era la primera vez que la llamaba Isa.

Sin embargo, Isabel no sintió ni una pizca de emoción; por el contrario, sintió que ese nombre en sus labios estaba manchado.

No quería causar problemas antes del divorcio, así que simplemente bajó la mirada y asintió, fingiendo sumisión.

.

A la mañana siguiente, muy temprano, el auto de Rocío Lemus se estacionó frente a Villa Serena.

Isabel le pidió ayuda a Lina para subir todas las cajas empacadas al vehículo.

—Señora, usted... —Lina se quedó parada en la puerta, con las palabras atragantadas en la garganta.

—Lina —Isabel no la dejó terminar—. Gracias por cuidarme todos estos años.

Con los ojos enrojecidos, la mujer negó con la cabeza.

Ambas compartían un entendimiento tácito, aunque ninguna de las dos lo dijo en voz alta.

Isabel se apoyó en la puerta del auto, echó un último vistazo hacia atrás y, sin más apegos, se subió.

Con una madre fallecida prematuramente, un padre alcohólico y un hermano enfermo, hubo un tiempo en el que consideró ese lugar como su hogar.

Pero al final, aquella mansión no era más que la fachada perfecta para cubrir las apariencias de Sebastián Salazar.

No volvería a celebrarle el cumpleaños, ni se tomaría fotos de aniversario con él.

Esa noche, cuando él regresara, descubriría que ya no tenían un futuro.

De camino, pasaron por una tienda de compraventa y vendió todo lo que había empacado.

En total, le dieron unos dos millones y medio de pesos.

Esa cifra... parecía burlarse de sus tres años de matrimonio, confirmándole que había sido una completa ilusa, una tonta de remate.

Pero Isabel, levantando el rostro hacia el sol, sonrió con cada facción de su rostro.

Rocío alzó una ceja.

—Digna amante del dinero, es ver billetes y alegrarse la vida.

Capítulo 11 1

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