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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 10

Emilia arrasó con todo como si fuera una plaga de langostas; todas las joyas y accesorios de la casa terminaron en las maletas.

Llegaron en un coche, pero al irse, Nerea sacó del garaje el Lamborghini.

En un principio planeaba llevarse su propio BMW, pero Emilia dijo que ese modelo ya tenía varios años y se veía viejo, así que insistió en que se llevara el Lamborghini.

Según ella: «Todavía no se han divorciado, los bienes son mancomunados, así que puedes usar lo que quieras. No se lo dejes barato a la tal Isabel».

Había varios coches de lujo en el garaje, pero Nerea casi nunca los usaba porque no se consideraba una gran conductora y le daba pánico rayarlos, ya que las reparaciones costaban una fortuna. Solía manejar su BMW, pero ayer no lo usó porque le tocaba el «Hoy No Circula».

Emilia le dio unas palmadas en el hombro para animarla:

—¡Manéjalo sin miedo! Si lo rayas, que le manden la factura directamente al perro de Cristian.

Esa misma tarde, Nerea pasó la tarjeta y compró un departamento amueblado en el mismo edificio donde vivía Emilia.

El departamento estaba casi nuevo, con una decoración estilo madera natural, muebles y electrodomésticos incluidos, y plantas en el balcón que le daban un toque muy acogedor.

Le contaron que era el departamento que el dueño había preparado para casarse; lo había diseñado junto con su novia. Pero la chica sufrió un accidente de coche, y él decidió vender la propiedad para pagar los gastos médicos.

Mientras trapeaba el piso, Emilia suspiró:

—Ni siquiera habían firmado el acta de matrimonio y ya está vendiendo la casa para salvarla. En estos tiempos, los buenos hombres son una especie en extinción. Nere, al vivir en esta casa forjada con tanto amor, ¡seguro encontrarás a tu verdadero amor!

Nerea, que estaba limpiando la mesa, soltó una risa irónica.

—Primero déjame divorciarme.

Aunque el lugar estaba limpio, se pasaron horas ordenando. Esa noche, Nerea durmió en casa de Emilia.

—Emi, redáctame el acuerdo de divorcio. La custodia de Ulises se la queda el padre.

—Estaba esperando que dijeras eso. Solo mira. —Emilia ya se frotaba las manos, ansiosa, y sus dedos empezaron a golpear el teclado a una velocidad impresionante.

Mientras tanto, en la Mansión Vega.

Cuando Cristian llegó a casa, estaba tan oscura como la noche anterior. Sin luces encendidas.

Capítulo 10 1

Capítulo 10 2

Capítulo 10 3

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