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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 103

Nerea no quería que su familia notara nada, así que intentó reprimir sus emociones y actuar con naturalidad.

Tras dejar a su familia a salvo en casa y asegurarse de que Doña Belén y Estefanía descansaran, buscó una excusa para salir y fue a la casa de su vecina, Minerva Olmedo.

¡Resulta que los Echeverría habían ido a comprar la casa!

¡Querían comprar la propiedad de al lado!

La cabeza de Nerea zumbaba. Su primer pensamiento fue que los Echeverría lo hacían a propósito, para fastidiarlos y amargarles la vida.

¡No podía permitir que compraran la casa de al lado!

Los Echeverría estaban negociando el precio con Minerva, y Cristian estaba de pie a un lado.

Con la cara helada, Nerea se dirigió directamente hacia él.

—Cristian, no te pases. Sabes perfectamente que mi casa está al lado, ¿y aun así traes a esta gente a comprar aquí?

Cristian la miró con indiferencia.

—Esta es la casa ancestral de la familia Echeverría, no tiene nada de malo que quieran recuperarla.

Al ver esa cara de nobleza y frialdad, Nerea perdió los estribos por primera vez.

—¿Quieres matar a mi abuela del coraje?

Cristian respondió con voz inexpresiva:

—Esa no es mi intención.

—¡Pero eso es lo que estás haciendo! —gritó Nerea, incapaz de contenerse, con el pecho agitado y los ojos inyectados de ira.

Era la primera vez que le gritaba a Cristian.

Incluso cuando Cristian la dejó plantada toda la noche en su cumpleaños, incluso cuando los Vega la trataban como a una sirvienta y Cristian no hacía nada, incluso cuando lo vio irse abrazado con otra mujer.

Nunca había sentido tanta ira; antes solo sentía que su corazón moría.

Pero ahora era diferente.

Cristian estaba ayudando a los Echeverría a comprar una casa, y precisamente la de al lado de la suya.

Si los Echeverría compraban esa villa, en el futuro se cruzarían con los Galarza a todas horas.

Su abuela y su madre terminarían enfermando del disgusto por culpa de los Echeverría.

Isabel se acercó.

—Directora Galarza, esta villa originalmente pertenecía a la familia Echeverría. Si no hubiéramos sido forzados, nunca habríamos vendido la casa para mudarnos a La Vicuña. Ahora que tenemos la capacidad, es natural que queramos recuperarla. Si la directora Galarza se siente incómoda, bien puede mudarse a otro lugar.

Nerea había nacido allí y había pasado toda su vida en esa casa. Cada flor y cada planta del jardín las había cuidado su abuela con todo el cariño. Ese era su hogar.

¿Por qué tendría que irse ella?

—¿De verdad?

Nerea asintió.

—De verdad. Podemos ponerlo en el contrato.

De nada sirve tener mucho dinero si no tienes salud para disfrutarlo.

Al oír esto, Isabel subió la oferta de inmediato.

—¡Señora, ofrezco doscientos millones!

Nerea dijo fríamente:

—Yo también ofrezco doscientos millones, y la condición adicional sigue vigente.

Isabel apretó los dientes.

—¡Quinientos millones!

—¡Yo también doy quinientos millones!

Isabel, con los ojos rojos de ansiedad, exclamó:

—Solo queremos recuperar la casa de nuestros ancestros. ¿Por qué nos acorrala así, directora Galarza?

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