Todos se quedaron mudos, tragando grueso, cada uno maquinando sus propios planes.
—Además —continuó Patricia, ampliando su sonrisa—, los tengo a ustedes para apoyarme, ¿verdad? Confío plenamente en la capacidad de estas damas y caballeros. Nuestra corporación solo irá hacia arriba.
—¿Qué quiere decir con eso, señorita Quiles? ¿Realmente piensa tomar el mando de la empresa?
Patricia alzó una ceja. —¿Acaso creían que vine de vacaciones? Si sienten que soy muy joven, que no doy la talla y ya no desean seguir en la empresa, pueden presentar su renuncia en este preciso instante. Se las firmaré de inmediato.
Aquellas palabras cayeron como balde de agua fría. Las caras de los presentes se desfiguraron.
Pensaban que Patricia era una niña fácil de intimidar, pero jamás imaginaron que tuviera un temple de acero, tanta sangre fría y esa agilidad para hablar.
Aun estando sola contra todos ellos, no mostró la más mínima debilidad ni nerviosismo.
No tenía nada que envidiarle a esos viejos lobos de mar con décadas en el mundo de los negocios.
El líder del grupo, sintiéndose humillado por una novata y convencido de que la empresa se hundiría sin él,
presentó su renuncia ahí mismo, golpeando la mesa.
Patricia no titubeó ni medio segundo; dudar sería una falta de respeto a sus años de servicio. Aceptó en el acto y le ordenó al director de Recursos Humanos que imprimiera el acuerdo de liquidación para cerrar el pago en ese mismo momento.
Si uno lo hacía, los demás lo seguían. Estaban convencidísimos de que no pasaría mucho tiempo antes de que Patricia fuera de rodillas a suplicarles que volvieran.
Pero la sorpresa fue monumental. Apenas terminaron de firmar sus renuncias y cobrar su liquidación,
en cuestión de segundos, Patricia hizo pasar a la sala a los ejecutivos de reemplazo, les indicó que tomaran sus asientos correspondientes, y reanudó la reunión.
Los exdirectivos se quedaron de una pieza. No podían creerlo.
¿Qué clase de brujería era esta?
Ella había previsto absolutamente todos sus movimientos. Ya tenía a los reemplazos listos y la transición fue quirúrgicamente perfecta.

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