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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 1100

Doña Beatriz Quiles se soltó de su agarre con brusquedad, señalándola con el dedo mientras le gritaba: —Marisa Peñalosa, todo esto es culpa tuya. Si no insistieras tanto en exhibirte y pasártela fuera de la casa todo el día... A altas horas de la noche, todavía andas de fiesta con quién sabe qué hombres.

—¿Crees que mi hijo se habría distanciado de ti, se habría buscado una amante y habría caído al mar? No puedes retener a un hombre, ni criar bien a tu hija. Eres una inútil. Si hubiera sabido que esto pasaría, nunca habría permitido que te unieras a la familia.

Marisa Peñalosa no respondió, pero en su mente las maldiciones eran mucho peores: *Vieja decrépita, si tanto te duele lo de tu hijo, ¿por qué no te mueres con él?*

*Tu hijo mantenía a una amante afuera, tú no le dijiste nada, no lo corregiste, y encima te crees con la razón.*

*¡Vieja inútil que se niega a morir!*

Una vez que se aseguraron de que Felipe Quiles estaba estable, Doña Beatriz convocó a todos en la sala de estar.

—Hablen, ¿qué fue lo que pasó exactamente? —Doña Beatriz se sentó derecha en el sofá, sosteniendo su bastón con ambas manos y golpeándolo con fuerza contra el suelo.

Un aura de autoridad y opresión llenó el lugar.

Renata Quiles estaba arrodillada en el suelo, mientras que Patricia Quiles estaba elegantemente sentada en el sofá.

Renata, llena de indignación, señaló a Patricia y exigió saber: —¿Y por qué ella no está arrodillada?

—Yo no he hecho nada malo, ¿por qué tendría que arrodillarme? —respondió Patricia, mirándola con una sonrisa a medias.

—Para que haya conflicto se necesitan dos —intervino Marisa lentamente, lanzando una mirada glacial que parecía querer escudriñar el alma de Patricia.

Patricia sostuvo su mirada con total indiferencia, enfrentándola de lleno: —Señora, usted no estaba hace un momento y no conoce el origen del problema. Le sugiero que primero revise las grabaciones de seguridad para ver qué pasó realmente antes de abrir la boca.

Marisa replicó con frialdad: —No necesito ver ninguna grabación. Antes de que tú regresaras, el carácter de Renata siempre había sido excelente. ¿Por qué desde que volviste la casa no tiene un momento de paz?

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