Entrar Via

Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 1075

Antes de que ella se retirara, Hugo se le atravesó en el camino: —Pero ya en serio, mi reina... ¿qué tengo que hacer para que por fin aceptes ser mi novia?

Patricia lo miró con expresión inocente pero muy apenada. —Ay, es que de verdad me encantaría, pero no tengo tiempo para romances. Tu abuelo me hace la vida imposible todos los días en el trabajo. Apenas y me da tiempo para respirar.

Hugo saltó al instante: —¡Pues invítalo a que regrese a la corporación y asunto arreglado!

Patricia abrió enormemente sus preciosos ojos, fingiendo haber descubierto un gran secreto. —¡Ah! Conque ese era el verdadero plan desde el principio, señorito Hugo...

Sus ojos se llenaron de lágrimas. Se veían tan cargados de desilusión y dolor, que a cualquiera se le partiría el corazón al verla así.

Hugo empezó a sudar frío, más nervioso que un perro en canoa. —¡No, te juro que no! ¡Esa no es la razón por la que me acerqué! ¡Solo intentaba darte una solución al problema!

Pero Patricia se acercó a él de golpe, se puso de puntillas y le susurró al oído con un aliento tan dulce como una rosa: —Si de verdad te intereso tanto, ¿por qué no hablas con tu abuelo? Si logras que deje de sabotearme, aceptaré ser tu novia. Y cuando lo sea... podrás hacer conmigo lo que tú quieras. Seré toda tuya.

Sin dejar que él respondiera, Patricia giró sobre sus talones y se alejó con la gracia de una mariposa.

Hugo estiró el brazo instintivamente, pero solo logró rozar el vuelo de su vestido.

Al sentir la tela escurrirse entre sus dedos, se frotó las yemas y se las llevó a la nariz. Su perfume era adictivo.

Ya de regreso en el auto, Donad no aguantó la curiosidad: —Señorita Quiles, ¿de verdad le cree a ese mujeriego de quinta? Mis investigaciones indican que su lista de conquistas es tan larga que podría darle la vuelta a toda Tailandia.

—Todo depende de qué tan calientes tenga las hormonas. Obviamente no confío en él para destruir a don Arturo. Pero me basta con que sirva de distracción para que ese viejo no ande como un perro rabioso atacándome a cada rato.

Con darle un respiro al proyecto, eso es ganancia. Una vez que entreguemos resultados, la empresa se consolidará, las acciones se estabilizarán, y entonces me encargaré de destrozarlo sin prisa.

—Si por alguna razón la boda no se arma, de todas formas voy a tener acceso ilimitado a ella. Le voy a sacar todos los secretos de la empresa desde la almohada. Es muchísimo más efectivo que andar sobornando gerentillos, ¿o no?

—Y lo más importante: si bajamos las armas de forma oficial, ella se relajará. Mientras tú preparas el golpe final desde las sombras, yo te paso la información desde adentro. Cuando el mega proyecto fracase por nuestra culpa, a la mocosa la van a echar a patadas, y los accionistas van a tener que rogarte de rodillas que regreses a salvar el barco.

—Además, el premio de consolación me lo llevo yo, porque me voy a llevar a la cama a esa preciosura. Es un plan redondo.

Tras escuchar toda la maquinación de Hugo, el rostro de Arturo se iluminó con una sonrisa macabra. —Vaya, parece que no tienes el cerebro completamente en los pantalones. Al menos sabes velar por los intereses de la familia.

Hugo sonrió con petulancia. —Abuelo, no soy ningún tonto. Sé muy bien que si a la familia le va bien, yo sigo siendo el rey. Tú déjamelo a mí.

Y así, con la "mediación" de Hugo, Patricia y Arturo Hernández terminaron sentados en una misma mesa, estrechándose las manos en señal de una tregua falsa.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio