Antes de que ella se retirara, Hugo se le atravesó en el camino: —Pero ya en serio, mi reina... ¿qué tengo que hacer para que por fin aceptes ser mi novia?
Patricia lo miró con expresión inocente pero muy apenada. —Ay, es que de verdad me encantaría, pero no tengo tiempo para romances. Tu abuelo me hace la vida imposible todos los días en el trabajo. Apenas y me da tiempo para respirar.
Hugo saltó al instante: —¡Pues invítalo a que regrese a la corporación y asunto arreglado!
Patricia abrió enormemente sus preciosos ojos, fingiendo haber descubierto un gran secreto. —¡Ah! Conque ese era el verdadero plan desde el principio, señorito Hugo...
Sus ojos se llenaron de lágrimas. Se veían tan cargados de desilusión y dolor, que a cualquiera se le partiría el corazón al verla así.
Hugo empezó a sudar frío, más nervioso que un perro en canoa. —¡No, te juro que no! ¡Esa no es la razón por la que me acerqué! ¡Solo intentaba darte una solución al problema!
Pero Patricia se acercó a él de golpe, se puso de puntillas y le susurró al oído con un aliento tan dulce como una rosa: —Si de verdad te intereso tanto, ¿por qué no hablas con tu abuelo? Si logras que deje de sabotearme, aceptaré ser tu novia. Y cuando lo sea... podrás hacer conmigo lo que tú quieras. Seré toda tuya.
Sin dejar que él respondiera, Patricia giró sobre sus talones y se alejó con la gracia de una mariposa.
Hugo estiró el brazo instintivamente, pero solo logró rozar el vuelo de su vestido.
Al sentir la tela escurrirse entre sus dedos, se frotó las yemas y se las llevó a la nariz. Su perfume era adictivo.
Ya de regreso en el auto, Donad no aguantó la curiosidad: —Señorita Quiles, ¿de verdad le cree a ese mujeriego de quinta? Mis investigaciones indican que su lista de conquistas es tan larga que podría darle la vuelta a toda Tailandia.
—Todo depende de qué tan calientes tenga las hormonas. Obviamente no confío en él para destruir a don Arturo. Pero me basta con que sirva de distracción para que ese viejo no ande como un perro rabioso atacándome a cada rato.
Con darle un respiro al proyecto, eso es ganancia. Una vez que entreguemos resultados, la empresa se consolidará, las acciones se estabilizarán, y entonces me encargaré de destrozarlo sin prisa.

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