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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 1073

Patricia lo miró desde arriba, con absoluta superioridad. Levantó la mano y se quitó la mascarilla, revelando un rostro deslumbrante.

La sonrisa en sus ojos se hizo aún más brillante. Parpadeó con sus largas pestañas, fingiendo inocencia: —Ay, perdona, yo también solo quería conocerte.

—N-no, no hay problema.

El tipo estaba embobado, como si le hubieran lanzado un hechizo. Jamás pensó que debajo de esa mascarilla hubiera una mujer tan preciosa.

Tenía unos rasgos perfectos, como esculpidos por un artista. Sus ojos y cejas tenían un encanto magnético, y al sonreír, desprendía una seducción arrolladora. Su piel era de porcelana, tan suave y luminosa que robaba el aliento; sus labios carnosos y rojizos parecían los pétalos de una rosa que provocaba morder con locura.

La brisa movió su cabello, y una fragancia embriagadora invadió el aire.

Al tipo se le aceleró el corazón a mil por hora. Pensó: "Me acabo de enamorar".

De pronto, Patricia rompió la magia soltando de la nada: —Pues para mí sí hay problema.

—¿Qué? —El hombre no entendió.

Patricia ni se molestó en explicarle. Se giró hacia su guardaespaldas. —¿Ya llamaste a la policía? Aquí hay un intento de homicidio.

Cuando el tipo procesó lo que ella acababa de decir, la miró como si estuviera loca.

Estaba seguro de que, con todo su atractivo y habiéndose disculpado haciéndose el tonto, Patricia lo dejaría pasar y hasta le pasaría su número de WhatsApp.

Desesperado, intentó explicarse: —Oye, hermosura, creo que esto es un gran malentendido.

Patricia volvió a ponerse la mascarilla. —Señor imprudente, esa excusa se la puede dar al juez.

Al ver que Patricia se daba la vuelta para irse, él le gritó, exaltado: —¡Oye! ¡Me llamo Hugo Hernández! ¿Y tú cómo te llamas?

Patricia lo ignoró por completo, dejándolo solo con la imagen de su figura envidiable alejándose con elegancia.

Al final, la patrulla llegó y se llevaron a Hugo a la comisaría.

Resultó que Hugo Hernández era el nieto de Arturo Hernández, el ejecutivo que había invitado a Patricia al café. Al enterarse de que Patricia había humillado a su abuelo, quiso darle una lección.

Su plan maestro era seducirla, enamorarla perdidamente y luego humillarla y hacerla sufrir de la peor manera.

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