Mientras tanto, cuando Renata Quiles salió de bañarse, vio que volvía a ser tendencia en las noticias y que los comentarios negativos la sepultaban.
Empezó a leer lo que decían los internautas.
[¿De verdad? ¿Esa es una dama de la alta sociedad? Viéndolo así, creo que yo también podría serlo.]
[¿De qué manicomio se escapó esta loca?]
[Qué mujer tan histérica, insulta horrible, cero educación.]
[Qué mujer tan malvada, tiene un rostro espantoso cuando se enoja.]
[Al lado de ella, la otra señorita parece un ángel. Es demasiado hermosa y su voz es súper dulce.]
...
Renata deslizó rápidamente la pantalla; no había más que burlas y maldiciones en su contra.
Temblando de furia, por poco estrella el teléfono contra el suelo.
Apretando el aparato con fuerza, salió de su cuarto como una fiera y se dirigió directamente a la habitación de Felipe Quiles.
«¡Patricia! ¡Maldita zorra! ¡Perra!» empezó a gritar antes siquiera de cruzar la puerta.
Renata irrumpió con el rostro completamente deformado por el odio y una voz chillona: «¡¿Fuiste tú quien llamó a los paparazzis para grabarme, difamarme y arruinar mi imagen?!»
Patricia la miró, fingiendo confusión: «¿De qué hablas, hermana?»
«¡Quién más podría ser!» Renata se abalanzó sobre Patricia, con las uñas por delante, intentando rasguñarle y destrozarle la cara.
Iba a enseñarles a todos los que la llamaban hermosa y decían que parecía un ángel.
Quería ver qué tan bonita se vería con el rostro hecho pedazos.
Héctor Omar estaba haciendo guardia afuera. Al ser la mansión Quiles, no detuvo a Renata en la entrada, pero cuando ella irrumpió furiosa, la siguió de cerca.
Patricia negó levemente con la cabeza hacia él.
Héctor frunció un poco el ceño, pero se detuvo donde estaba, pensando que si algo salía mal, estaba lo suficientemente cerca para intervenir a tiempo.
Pero Patricia no necesitaba que la rescataran.
Silvio Canto había contratado instructores para enseñarle boxeo y artes marciales. A la hora de pelear, Patricia no se andaba con juegos.
Que Renata intentara destrozarle la cara no era más que una ridícula ilusión.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio