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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 207

La agencia de entretenimiento investigó y descubrió que las cuentas falsas que atacaron a Rocío en redes sociales habían sido contratadas por Esmeralda y su hija.

Es increíble que Esmeralda no sintiera ni una pizca de remordimiento al ayudar a la hija de su enemiga a destruir a su propia hija biológica.

El detective privado había estado siguiendo a Felicia durante meses; ya era hora de que ella experimentara lo que se siente ser insultada y despreciada por miles de personas.

Ese mismo día, un video de Felicia se volvió tendencia rápidamente.

En el reservado de un club exclusivo, un grupo de niños ricos bebía y se divertía en medio de un lujo desenfrenado.

Una joven camarera derramó accidentalmente un poco de alcohol sobre la ropa de Felicia.

Felicia estalló en cólera al instante y derribó a la chica de una patada.

—¡Imbécil! ¿Sabes cuánto cuesta este vestido? ¡Es único en el mundo! ¿Lo sientes? ¿De qué sirve que lo sientas? Ni vendiéndote entera podrías pagarlo, muerta de hambre.

La chica, arrodillada en el suelo, no paraba de suplicar:

—Señorita Vega, perdón, perdóneme.

—¿Aparte de pedir perdón no sabes decir otra cosa? Qué estúpida eres. —Felicia miró con rabia a la chica y luego, fingiendo magnanimidad, dijo—: Hagamos esto: desfigúrate la cara tú misma y te perdono.

Mientras hablaba, arrojó una navaja frente a la chica.

La joven temblaba de miedo.

—Señorita Vega, de verdad no fue a propósito, por favor, apiádese de mí.

—Quién te manda a tener una cara tan molesta —ordenó Felicia—: ¡Sujétenla!

Felicia se levantó, recogió la navaja, se agachó frente a la chica y, con una sonrisa en el rostro, apuñaló...

—¡Ah...!

La imagen era cruel y sangrienta.

Las reproducciones del video superaron los cien millones al instante, y los comentarios también se contaban por millones. La identidad de Felicia fue expuesta por los internautas.

La hija del Grupo Vega, colmada de privilegios, vivía la buena vida incluso después de herir maliciosamente a alguien.

Inmediatamente después, salieron a la luz fotos de Felicia en una fiesta privada besándose con varios hombres a la vez, mostrando una promiscuidad y un estilo de vida decadente.

Luego, un video de Felicia consumiendo sustancias ilícitas se hizo viral; en él, incluso obligaba a otros a consumirlas con ella.

Uno de ellos se resistió y fue golpeado hasta quedar en coma.

Si el detective privado no le hubiera pedido instrucciones a Nerea, y si ella no le hubiera prometido cubrirle las espaldas para que denunciara anónimamente, esa persona probablemente habría muerto.

Pero el punto clave de ese video era que la policía había acudido al lugar, pero no se llevó a nadie por la agresión ni por el consumo de drogas.

Hasta el día de hoy, Felicia seguía viviendo cómodamente.

Cuando salió este video, la gravedad del asunto era tal que las redes sociales estallaron.

[¡Así que las leyes son solo para que las cumplamos los pobres!]

[Los ricos hacen lo que quieren, pueden matar e incendiar y seguir viviendo bien sin que la ley los toque.]

[¡Qué asco! ¡Se me cayó el mito de la niña rica!]

[¡Desde hoy no compro nada del Grupo Vega! ¡Apoyo total a la competencia!]

...

—Avisa al departamento de relaciones públicas, prepararemos una conferencia de prensa esta tarde. Además, cítame con Rocío.

Sala de reuniones de Cenit.

Al ver que Nerea también estaba allí, Cristian no se sorprendió.

Renunció a las cortesías y fue directo al grano:

—El Grupo Vega dará una conferencia de prensa esta tarde. Espero que Rocío pueda asistir.

Rocío no dijo nada, miró directamente a Nerea. Ella haría lo que Nerea dijera.

—¿En calidad de qué? —preguntó Nerea.

—Como la hija de la familia Vega. Al mismo tiempo, estableceré a su nombre la «Fundación Rocío», un fondo especial dedicado a rescatar a niños secuestrados, perdidos, en situación de calle y abandonados, así como a ayudar a sus familias.

—¿Qué más?

—Se compensará a Rocío con todo lo que le corresponde a un hijo de la familia Vega: fondo fiduciario, dividendos de acciones, propiedades y locales comerciales. No faltará nada.

—Las palabras se las lleva el viento.

Yago, captando la indirecta, sacó inmediatamente los documentos y se los entregó a Cristian.

Cristian pasó los documentos, y Nerea hizo que se los entregaran a los abogados para su revisión.

Solo entonces Cristian miró a Rocío, mostrando una sonrisa calculada: ni demasiado entusiasta para parecer falsa, ni demasiado fría.

—Rocío, tu hermano te espera en casa.

Rocío lo miró sin decir nada, limitándose a asentir con la cabeza.

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