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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 218

—¡Con esa boca nomás dices puras porquerías y todavía te atreves a meterte con mi nieta!

Doña Salomé, una anciana de ochenta años, salió repentinamente de un lado con una agilidad sorprendente y le propinó una cachetada a Ana.

Ana enfureció: —¿De dónde salió esta vieja loca? ¿Cómo te atreves a pegarme? ¡¿Sabes quiénes son mis consuegros?!

—¡Me importa un bledo quiénes sean! Si te atreves a molestar a mi Nere, te mereces los golpes.

—¡Perfecto! ¡Te atreves a ponerte brava en Puerto San Martín! Mis consuegros son la familia más rica de Puerto San Martín. Mi hija está casada con el hermano del hombre más rico de aquí. Me parece que ustedes no quieren salir de esta ciudad en una pieza.

—Uy, qué miedo tengo —se rio Salomé.

La burla de Doña Salomé era demasiado evidente. Ana, furiosa, se lanzó para golpear a la señora Salomé.

Nerea dio un paso rápido al frente, le agarró la mano y, con el revés de la suya, le dio otra cachetada.

—¡Lárgate!

Ana se asustó por la ferocidad de Nerea; retrocedió tambaleándose un par de pasos y se agarró de Noa para lloriquear.

—Ay, Noa, mira a tu excuñada. No te tiene ni pizca de respeto, y deja que su hijo le pegue al tuyo. Tienes que ponerla en su lugar.

—¿Puedes cerrar la boca y dejar de gritar? Cristian y yo ya firmamos el divorcio. Ahora no tengo ni medio centavo de relación con la familia Vega.

Leonardo y Noa la miraron al mismo tiempo. —¿Ya firmaron?

Noa esbozó una sonrisa; si estaban divorciados, sería más fácil lidiar con ella, ya no tendría que preocuparse por la imagen de su hermano.

Hace un momento no había dicho nada porque quería que Ana le diera una lección a Nerea.

Ahora que sabía que estaban divorciados, acabar con ella sería pan comido.

Noa dijo: —Entonces llamemos a la policía.

Esa cachetada de Nerea a Ana, lo de Ulises pegándole a Sergio con ayuda de un extraño, y lo de antes, cuando su madre fue llevada al cuartel militar por culpa de Nerea...

Iba a cobrarle cada una de esas cuentas a Nerea.

Iba a hacer que Nerea sufriera.

***

En el salón de té del hotel.

Nerea tomó la mano de Doña Salomé. —Doña Salomé, ¿le duele la mano? A su edad, no debería andar soltando golpes.

Doña Belén añadió con reproche: —Exacto, ya estás grande para andarte lanzando a los golpes sin pensar. Hay que dejarle el escenario a los jóvenes.

Leonardo asintió: —Como a mí, por ejemplo.

Salomé se rio. —Me da miedo que tú los mandes al otro mundo de un solo golpe.

—Controlaría mi fuerza.

Mientras bromeaban, Estefanía terminó de ponerle pomada a Emilio.

Ulises dijo conmovido: —Emilio, gracias. ¿Te duele mucho?

Al ver su cara, parecía que Ulises estaba a punto de llorar de la emoción. Emilio, haciéndose el maduro, chasqueó la lengua y le dio unas palmaditas en el hombro.

—No llores por todo. Somos hombres, sangramos pero no lloramos, y no le tenemos miedo al dolor. Si los malos te ven llorar se emocionan y te quieren molestar más. Así que, de ahora en adelante, no llores por cualquier cosa. Hay que ser valientes.

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