Nerea miró a Isabel con una sonrisa burlona, soltando veneno en cada palabra, decidida a clavarle una espina en el corazón.
¡Ding!
Las puertas del elevador se abrieron. Nerea salió, dejando a Isabel atrás, que estaba hirviendo de coraje.
—¡Cris jamás haría eso!
Cuando llegaron, el alcalde Sánchez ya se había retirado por un asunto urgente.
Nerea ignoró a Cristian y caminó directamente hacia Rodrigo, sirviéndole una taza de té para bajar la borrachera.
—¿Nos podemos ir?
Rodrigo asintió e intentó levantarse, pero se tambaleó. Afortunadamente, Nerea lo sostuvo a tiempo.
—¿Por qué tomaste tanto?
El alcalde Sánchez no había ido solo; llevó a dos acompañantes que bebían como esponjas. Rodrigo, a diferencia de Cristian, que en los negocios ya se la sabe y sabe cómo zafarse de los tragos, terminó bebiendo de más.
Mientras Nerea ayudaba a Rodrigo a salir del privado, Cristian, impulsado por algún pensamiento repentino, sacó su celular y les tomó una foto.
Isabel, al ver esto, sintió una punzada de celos y frunció el ceño.
—Cris.
Cristian la miró.
—Isa, ¿qué haces aquí?
—Tenía miedo de que te sintieras mal por el alcohol.
Ambos salieron del privado. Isabel no preguntó por la foto y Cristian tampoco dio explicaciones.
Ya en el coche, Cristian le envió la foto a Nicolás. Después, sin importar cuánto insistió Nicolás preguntando, Cristian lo ignoró olímpicamente. Lo había hecho a propósito. Cristian andaba medio pasado de copas; si no, no se habría puesto tan infantil.
De camino a dejar a Rodrigo, Nerea preguntó:
—Rodrigo, ahora que el trabajo se canceló, ¿qué planes tienes?
Rodrigo se recostó cómodamente en el asiento del copiloto.
—No es la única empresa que me quiere robar.
Nerea lo pensó un momento.
—Oye, ¿no has pensado en abrir tu propia empresa? Tienes las patentes, no hay necesidad de trabajar para otros.
Rodrigo suspiró.
—He ahorrado algo de dinero, pero para abrir una empresa no basta con capital, se necesitan contactos.
—Hagámoslo juntos —propuso Nerea—. Seamos socios. Ese 5% de acciones que perdiste por mi culpa, te lo devolveré.
Mientras Nerea trataba de convencer a Rodrigo, en el gimnasio, Nicolás estaba destrozando el saco de boxeo. Quería preguntar quién era el hombre con Nerea, pero sabía que no tenía derecho alguno.
Por otro lado, Isabel buscaba socios desesperadamente. El proyecto del útero artificial necesitaba a una autoridad médica. Primero, porque la innovación técnica era difícil y requiera a un experto al mando; y segundo, porque la autoridad de esa persona daría confianza al público.

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